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Jueves , 21.06.2018 / 22:41 Hoy

Argumentos a debate

Los retos de la OEA

Adriana González Carrillo

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El pasado 18 de marzo se llevó a cabo la elección del nuevo secretario general de la Organización de Estados Americanos que estará al frente hasta 2020. Se trata del ex canciller uruguayo y actual senador Luis Almagro quien reemplaza al político y diplomático chileno José Miguel Insulza luego de dos periodos consecutivos entre 2005 y 2015. Almagro recibirá una organización en crisis pero con enormes oportunidades no solo para superarla sino para reafirmarse en una posición de liderazgo de la mayor relevancia en el hemisferio. Sin duda, la propia elección de Almagro, prácticamente por unanimidad y tan sólo con una abstención –se desconoce qué país la emitió toda vez que fue una votación secreta- otorga una legitimidad extraordinaria con la que no siempre contó el secretario general saliente. A lo largo de los diez años de mandato de José Miguel Insulza múltiples críticas se vertieron sobre lo que algunos calificaron como inacción, pasividad o falta de capacidad para la construcción de consensos y respuestas coordinadas para desactivar, prevenir o mediar exitosamente en conflictos internacionales de toda índole. Entre los retos más importantes para Almagro destaca, en primer término, una gestión aún incompleta para que Cuba regrese al seno de la OEA. Si bien la Asamblea dejó sin efecto la resolución de 1962 que excluía al gobierno cubano de participar del sistema interamericano, falta aún materializar y formalizar su plena reincorporación. No cabe duda que el desafío adopta una nueva dimensión en el contexto actual del reinicio de pláticas para la normalización de las relaciones diplomáticas entre Washington y la Habana. Almagro, en este sentido, ha señalado que trabajará en una agenda para hacer aportaciones esenciales.

Un segundo desafío de enorme importancia tiene que ver con la interacción entre la Organización y las secretarías pro témpore o generales de otros organismos regionales como la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), la Unión Sudamericana (UNASUR), el Sistema de Integración Centroamericana (SICA), entre otros. La proliferación de estos mecanismos con agendas que frecuentemente se traslapan termina produciendo una multiplicidad de esfuerzos, a veces coincidentes, que exigen una capacidad de coordinación mucho mayor. La OEA tiene el cometido esencial, prioritario y aún inacabado, de erigirse como entidad coordinadora, por su carácter hemisférico, de muchos de estos esfuerzos. Indudablemente, un tercer desafío tiene que ver con la mediación efectiva para superar crisis diplomáticas que hoy se verifican en distintos países desde crisis económica y política venezolana hasta las complejas situaciones que enfrentan Argentina, Brasil, México y Centroamérica.

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