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Argumentos a debate

La Alianza del Pacífico: los desafíos de la Presidencia Mexicana

Adriana González Carrillo

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Este viernes, México auspició la IX Cumbre Presidencial de la Alianza del Pacífico en la que recibió de manos de Colombia la Presidencia Pro Témpore. Los retos asociados a esta responsabilidad son de la mayor trascendencia. La Alianza del Pacífico es un mecanismo de integración económica, diálogo político y cooperación que aspira a convertirse en el bloque comercial más importante de América Latina pero que trasciende por mucho el ámbito meramente comercial. No obstante, tocará a la Presidencia Mexicana, en primer lugar, promover activamente la aprobación parlamentaria del Protocolo de desgravación arancelaria. Suscrito en la pasada Cumbre de Cartagena de Indias, el Protocolo hará posible que, en menos de veinte años, todos los productos comerciados entre los países miembros, excepto el azúcar, cuenten con arancel cero. Otro desafío igualmente relevante tiene que ver con la membresía de la Alianza. Si bien hoy el mecanismo integra a México, Colombia, Chile y Perú, hay un grupo importante de países que busca incorporarse apenas completen el requisito esencial de suscribir tratados de libre comercio con todos los países miembros. Tocará a México seguir de cerca la incorporación de Panamá, la de Costa Rica –hoy incierta por lo que parece ser cierta actitud dubitativa de su nuevo gobierno- y eventualmente la de otros como Paraguay, Guatemala y Canadá que han mostrado un gran interés en convertirse en miembros de pleno derecho. A México corresponderá igualmente poner sobre la mesa un proyecto de cooperación con los 32 países observadores con que ya cuenta el mecanismo así como examinar el avance de los numerosos grupos de trabajo que trabajan ya en acuerdos en materia de pequeñas y medianas empresas, cooperación educativa, mejora regulatoria y cooperación turística, entre otros rubros. Una gran noticia es el nuevo Programa de Vacaciones y Trabajo para jóvenes de la Alianza. Pocos mecanismos pueden hacer tanto como éste para favorecer lazos significativos de identidad grupal y amistad recíproca.

Se trata de una gran oportunidad para fortalecer el proyecto de integración profunda más ambicioso del que haya participado México en los últimos años –especialmente ante la crisis por la que atraviesa el Acuerdo Transpacífico de Asociación Económica (TPP)- así como para tomar el liderazgo en una serie de temas torales para el desarrollo regional. La Alianza del Pacífico, vale la pena recordar, es ya la octava economía mundial y la séptima potencia exportadora del planeta. El potencial económico de su expansión es extraordinario como bloque exportador pero quizá lo es más como un bloque político con valores comunes a favor del libre comercio y la democracia. Su carácter innovador deviene precisamente de su naturaleza abierta, sin delimitaciones geográficas como limitantes ni componentes que impidan a cada miembro sostener relaciones comerciales con terceros, así como de su capacidad para establecer una estrategia de promoción y representación conjunta a nivel turístico, diplomático y de promoción de inversiones. Luego de la puesta en marcha del Protocolo, las negociaciones para favorecer el libre tránsito de personas será su segunda prueba de fuego. México tiene frente a sí una enorme responsabilidad.

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