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Lunes , 24.09.2018 / 01:42 Hoy

Columna de Adrián Herrera

Solo

Adrián Herrera

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Hace cuánto que no pasa tiempo de calidad consigo mismo? Ahora que estuve unas semanas de trabajo en Bogotá tuve la oportunidad de llevar a cabo este ejercicio de soledad. Una de las cosas que más me gustan es meterme a una librería, deambular pacífica y despreocupadamente por los anaqueles, hojear, tocar, sentir —presentir— y dejar que los libros lleguen. Ahí están: latiendo, pulsátiles, ardiendo en letras, y al momento de tocarlos, tu energía y la del libro se combinan en una electricidad tremenda que genera una fusión momentánea pero trascendente. Esa tarde, disfrutando mi día libre, entré a esta librería y conseguí dos volúmenes de cuentos africanos y una antología de uno de nuestros poetas, José Juan Tablada:

Canta un responso el sapo
A las pobres estrellas
Caídas en su charco.

De ahí me fui a un local donde venden puros, ordené un Davidoff con una copa de ron de Cartagena y conversé con la gente que atiende el local sobre costumbres de los colombianos, su cocina e historia. Terminada mi sesión con el tabaco y ron, caminé un rato y cené en un restaurante español; ahí me comí unas patatas bravas que estaban buenísimas, una ensalada de palmito y de plato fuerte, cola de res braseada al vino. Lo acompañé todo con un tinto del Duero. Terminé con un café colombiano de primera. Fantástico. Llegué a una plazoleta que estaba cerca del apartamento y me senté a leer un par de cuentos y a escribir algunas cosas. Ya en el departamento me serví un vasito con ron y me tumbé en la cama a escuchar heavy metal hasta que me quedé dormido. Bien que la pasé ese día. Estuve muy relajado, sin ningún tipo de estrés o distractores absurdos, caminando, metido en mis pensamientos e ignorando lo que ocurría a mi alrededor. Pasé mi día solo y fue increíble. Desde ese día me propuse pasar un día a la semana solo y desconectado.

Entiendo que los humanos somos primates y tenemos costumbres gregarias pero a veces uno debe pasar tiempo consigo mismo.

Por lo menos en mi caso, los procesos creativos se exacerban con la soledad, porque el cerebro se encuentra aislado, relajado y no tiene que ocuparse de atender a otras personas y circunstancias. ¿Cuánto tiempo y con qué frecuencia debemos aislarnos de nuestros congéneres? Pues eso depende de cada quien. Como yo soy medio antisocial mis requerimientos son más extensos. Pero también puede uno llevar las cosas más allá de lo necesario y entonces afloran conductas extrañas y hasta perniciosas. Por eso digo que uno debe encontrar su punto medio.

Uno se vuelve más introspectivo y en un momento, llegan la claridad y lo contundente, lo concreto; el cerebro se relaja y te va presentando realizaciones que antes habías pasado por alto. Me parece que nos hemos acostumbrado demasiado a estar acompañados y la soledad nos asusta e incluso la hemos satanizado, pero en el fondo es una circunstancia bien necesaria; te pone en contacto íntimo con tus cosas y te permite comunicarte con tu psicología de tal manera que terminas confrontando emociones y recuerdos, con todo y sus demonios. Pero es complicado intentar pasar tiempo solo porque la presión social circundante no te lo permite. La soledad es un ejercicio muy necesario en una sociedad que olvidó el valor de apreciar las cosas desde una óptica personal, íntima y hasta hermética, en un ejercicio de contemplación que nos puede revelar tanto.

La cosa es hacerle su lugarcito a la soledad, de alguna manera u otra, y probar sus mieles (y hieles).


chefherrera@gmail.com

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