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Jueves , 13.12.2018 / 06:10 Hoy

Columna de Adrián Herrera

“Situación de calle”

Adrián Herrera

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El otro día vi en Facebook un post que instaba a que la gente regalara botellas de agua a personas “en situación de calle”. El tema es que, con los calores que nos aquejan, la deshidratación está a la orden del día, luego esa iniciativa me ha parecido estupenda. El problema, empero, no es ése. Es el detallito un tanto extraño del concepto de “situación de calle”. No me queda claro qué mierda es eso. Me explico: la semana pasada celebré una carne asada en la banqueta de mi casa. Eso, a mi entender, es una carne asada en “situación de banqueta”. Quizá alguien debería elaborar una tesis, manual o siquiera un práctico panfletillo explicando cuáles son –o deberían ser– las condiciones necesarias para entrar en semejante situación. Además, convendría que diferenciaran entre situación de calle, avenida, bulevar, paso a desnivel, glorieta o, incluso, carretera (me ha tocado ver gente ahí). Después viene el complicadísimo asunto de quiénes aplican para tal situación, pues el tema tiene su muy peculiar antropología. Aparentemente no todos pueden estar ahí: una persona con acceso a una casa, ya sea comprada o rentada, pues no aplica. Un arrimado, que en lo sucesivo denominaremos “refugiado”, podría, bajo ciertas y tensas circunstancias, caer en tal situación. Por ejemplo: tuve un vecino que tenía a su cuñado viviendo en la cochera, pero luego de unos meses, lo echó. Otro grupo de personas que deambulan por semejante estado callejero son aquellos que padecen de sus facultades mentales. Usted los ha visto; caminan de aquí para allá, lucen desaseados (bueno, más bien parecen hombres de las cavernas) y muchos siguen rutas nomádicas y migratorias. Entonces, al parecer, para estar en situación de calle hace falta ser de un estrato socioeconómico específico o estar loco. Habrá también quien lo haga por gusto, pero es raro.

En Estados Unidos les dicen homeless, gente sin casa. Suena duro. Personas que no tienen un hogar con familia, mascota, agua, cama y baño. Pero este concepto tampoco abarca todo el fenómeno, pues he visto muchas personas que viven en tiendas de campaña improvisadas con cajas de cartón, plástico y otros residuos. Se asemejan más a mochileros que a gente sin casa. Llamémosles entonces “campistas urbanos irregulares”.

El tema de decir las cosas como se presentan es complicado hoy en día, hay una tendencia a sacarle la vuelta a lo que es. El otro día me preguntó un amigo que tenía años de no ver que cómo estaba mi papá. Le dije que bien muerto. Le impactó lo que le dije y parece que se molestó un poco por la manera en que se lo comuniqué, o sea, la mezcla específica entre el lenguaje y el tono. Entonces rectifiqué y contesté, en tono solemne y oscuro, que “papá ya no está con nosotros”. Luego me quedé pensando en mi respuesta y yo mismo me pregunté qué podría haber pasado con papá, porque bien se pudo interpretar que se había ido a la Patagonia, por ejemplo. En cambio, si decimos que se murió, pues no queda la más mínima duda de lo que le ocurrió, como tampoco se presta para interpretaciones extrañas. También pude haber informado que “mi padre ha fallecido”, pero con esa manera de decirlo podría pensarse que estamos en una obra de teatro, y la verdad es que la muerte no es cosa tan solemne como para dedicarle un lenguaje rebuscado. Queda claro entonces que lo correcto hubiera sido decir: “Hace unos años, papá entró en situación de pérdida irreparable”.

El lenguaje puede ser brutalmente directo y honesto, pero ahí radica justamente su valor. Esa capacidad para plasmar la realidad como es, no como queremos conciliarla o barnizarla con matices color pastel y lluvia de pétalos de rosa.

Tiene que ver con el tema de sonar incorrecto y que alguien, que siempre los hay, se ofenda o pueda llegar a incomodarse. Todo por no hablar al chile y decir las cosas como son. A la gente en “situación de calle” se le ha llamado, desde siempre, teporochos. Neta, la capacidad de la gente para decir mamadas y sacarle la vuelta a la obviedad. Ya estuvo bueno.

chefherrera@gmail.com

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