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Miércoles , 20.06.2018 / 14:22 Hoy

Columna de Adrián Herrera

Quijote huasteco

Adrián Herrera

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La señora Maximiana nunca ha salido del rancho. Sus hijos se fueron, su marido murió y sólo le queda una sobrina, María de la Cruz, que es religiosa y la visita cada que la dejan salir del convento. Maximiana cocina y lo hace muy bien; frijoles negros con hoja de aguacate oloroso, tamales de puerco en hoja de papatla, enchiladas de pipián con chile piquín, entomatadas, camarones en escabeche rojo, bocoles con huevo y otras maravillas de la gastronomía huasteca. Por las tardes bebe café y lo acompaña con pemoles. Luego fuma tabaco y se rodea de loros parlanchines, gatos, perros, palomas, sus dos puercos y tantas gallinas. Después se hace de cenar, acude al altarcito que se ha confeccionado y reza por el alma de sus muertos. Maximiana no es iletrada ni estúpida y su vida dista de ser aburrida; aunque sólo alcanzó a terminar secundaria siempre ha leído. Y le gusta mucho; los patrones de su marido, vaquero en un rancho contiguo, eran suscriptores del Selecciones del Reader’s Digest, pero como nunca leían las revistas, se las regalaban. Y así fue como Maximiana se fue haciendo de toda clase de lecturas. Sus favoritos son los libros condensados: resúmenes de libros de moda y algunos clásicos. De esa manera conoce muchísimas obras y autores. Cuando murió su marido dejaron de llegarle los volúmenes del Selecciones, por lo que no le quedó de otra más que releer lo que más le había gustado. Meses después, María de la Cruz llegó de visita; bebieron café y conversaron. Supo la religiosa acerca de las revistas y de la afición de su tía por la lectura. Prometió volver con libros. Y así fue; al tiempo regresó con uno en particular: el Quijote. –Alguien lo dejó en el convento –dijo–, pero nadie lo lee. Se despidieron y Maximiana comenzó a leer la obra de Cervantes. Hubo muchas palabras que no logró descifrar, pero comprende la mayor parte del texto y le parece de lo más divertido. Ha vuelto a leer varios capítulos y pasajes, y a ratos se le ve riendo sola y con los loros a su alrededor armando gritadera y argüende, y los perros ladrando. Pareciera como si realmente los personajes de aquella novela salieran del libro y conversaran con ella. –Son bonitos los dibujos que salen ahí –observa–, pero yo al señor y a su amigo los imagino de otra manera; ahí lo ponen muy flaco y correoso, y al otro, panzón y lento. Yo creo que Don Quijote es más como uno de los vaqueros de por aquí y el Sancho se me ha figurado que se parece muchísimo al contador del rancho, todo atarantado y tartamudo. El caso es que se ha leído todo el Quijote y sólo espera a que María de la Cruz venga con otro libro, pero igual de divertido que éste.

La buena literatura, la que trasciende, la que posee un valor social, artístico y una fuerza intrínseca y energía creativa no siempre será apreciada por todos y en cualquier tiempo, y tampoco tendrá que ser divertida o entretenida, pero hay excepciones. Y el Quijote será acaso el mejor y más claro ejemplo de ello.

Aproveché las vacaciones de verano para visitar a Maximiana. ¿Ya pasó un año desde la última vez que nos vimos? Siento que pasaron cinco. Bebimos café con pemoles y conversamos. –A María de la Cruz la mandaron a un convento en Puebla y ya casi no viene, pero la última vez me trajo un libro de un tal Coelho, pero no me gustó y lo eché a la lumbre. –Bueno, pues te traje un libro para que te entretengas: los cuentos completos de Edgar Allan Poe. Son de miedo, pero te van a gustar mucho. Además a ti te gusta contar historias de fantasmas. Ya para despedirme entré a la casa y vi el tomo desvencijado del Quijote y sólo pude adivinar la cantidad de veces que se habría metido en ese libro.

Maximiana murió hace unas semanas; María de la Cruz me marcó y me dijo que la encontraron muerta con el Quijote al lado de la cama. Entonces recordé lo que me dijo sobre eso de que el Quijote era un vaquero huasteco y al salir del rancho vi a lo lejos a un hombre a caballo, y en su silueta me pareció ver al caballero andante.

chefherrera@gmail.com

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