• Regístrate
Estás leyendo: Portal oscuro
Comparte esta noticia
Martes , 11.12.2018 / 06:37 Hoy

Columna de Adrián Herrera

Portal oscuro

Adrián Herrera

Publicidad
Publicidad

En mi libro Púdrete en el Infierno (editorial Norte Oscuro, 2018) incluí una Ouija replegable. Está impresa en cartoncillo y tiene todas las características de una Ouija tradicional, solo que la hice de acuerdo a un diseño propio. Un amigo arquitecto se encargó de llevar a cabo la ilustración y, la verdad, quedó muy bien. La sacas del libro, la abres, consigues un caballito de mezcal –en lugar del rosetón de plástico típico– y listo. Se va usted a preguntar, ¿para qué coño integrar una Ouija portátil en un libro? Bueno, porque soy persona práctica y me pareció apropiado ofrecer un artefacto de comunicación con el más allá. De esta manera puede usted comunicarse con los fallecidos, invocar demonios y espíritus ancestrales o simplemente ver el vasito de vidrio moverse de manera errática sobre el tablero, sin ningún efecto fuera de la diversión que esto causa.

El caso es que mi libro, que tengo a la venta en mi restaurante, fue a dar a manos de una señora piadosa. ¿Por qué lo compró? Yo pienso que por morbo. Esa noche cenó, pagó el libro y se fue. A la semana regresó. Y no vea usted el alboroto que hizo; llegó con otra amiga y armaron un argüende. Primero porque el libro, que critica no solo a la religión sino al fanatismo, la pereza mental, la ignorancia y la estupidez, iba en contra de todo lo que ellas consideran como bueno, y además porque viven de acuerdo a esos principios y supuestos. Pero lo que más les afectó fue el tema de la Ouija. En efecto; un instrumento de esta naturaleza puede poner nervioso a cualquiera: –¿Cómo se atreve a jugar con estas cosas?–, preguntó molesta. Y creo que le dio al clavo porque, de hecho, al final se trata justamente de eso: un juego. No. Yo no creo que un tablero de cartón con letras y símbolos sea capaz de abrir ningún portal ni de establecer contacto ni con muertos, espíritus, demonios o personajes de ese tipo. Yo no lo creo, pero muchísimas personas sí. Entonces le damos a la gente lo que pide, sin problema. Hay quien ríe al ver esa Ouija y entiende el porqué está ahí.

La señora y su amiga reclamaron que el tener esos artefactos era abrir un portal oscuro a partir del cual podría meterse El Maligno (así le llaman al diablo) y con él, toda una legión de demonios. Para alguien como yo que escribe, la sola imagen de esta atmósfera desata un proceso imaginativo tremendo y me trae a la mente escenas de la película Poltergeist. ¿Por qué creer en ello? Pienso que nos gusta regocijarnos en estos escenarios porque nuestras vidas cotidianas son aburridas, monótonas. Es como vivir una película de fantasía y terror, pero en nuestras mentes. Pero lo más interesante de todo esto es que la Iglesia católica prohíbe este tipo de cosas, y lo hace porque compiten de manera franca con su propia agenda de creencias y dogmas. Pero existe un problemilla: al hacerlo, las valida, acepta que son reales, que de verdad funcionan. ¿Y sabe por qué la Iglesia no le dice a sus fieles que todo eso de la Ouija son patrañas? Porque si lo hace la gente tendría que cuestionar las alucinaciones en las que cree la misma Iglesia.

Por eso pongo la Ouija ahí en mi libro, para alborotar conciencias, quizá para que las personas logren detectar la tremenda broma que es creer en estas delusiones. Me produce hipo el ver que se lo toman tan en serio; la señora y su amiga hicieron trizas mi Ouija, en un verdadero acto inquisitorial de purificación y de confirmación de sus creencias, de su fe. Esa noche había varias mesas viendo aquello; una pareja, una mesa de cuatro amigos que festejaban con un caguamón al centro, unos estudiantes de comunicación y tres personas de la tercera edad disfrutando una orden de tacos de barbacoa. Quienes presenciaron tal escena una vez que las señoras se retiraron, rieron.

A carcajadas.

chefherrera@gmail.com

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.