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Columna de Adrián Herrera

Ponga atención

Adrián Herrera

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Publiqué un cuento en mi blog. En menos de dos horas varias personas se apresuraron a dictaminar que al texto había que hacerle una corrección de estilo y una revisión ortográfica. Otro más opinó que el nivel del escrito estaba por debajo de lo aceptable y uno declaró que mejor me debería dedicar a otra cosa. Al meterme al perfil de Facebook de estos fracasados vi que eran personas sin ninguna capacidad literaria ni afición por la literatura. De hecho no parecían tener ningún tipo de cualidad ni talento, solo personas con una opinión. Cuántas habrá así, afigúrese usté.

Van varios episodios de este tipo. Publico algo y sale un sabelotodo neurótico-histérico-compulsivo corrigiendo algo: sintaxis, estilo, ortografía. Y también están esos otros intelectuales activistas profetas y sabios que no pueden mantener la boca cerrada y opinan de todo, pero lo hacen en el lugar equivocado. Las opiniones no solicitadas van a dar a donde pertenecen: a la basura. Y son esos loquilocos y verborreicos los que más molestan, porque salen de quién sabe dónde, no se sabe nada de ellos, su opinión no es particularmente relevante y cuando uno los borra, bloquea o ignora, se emputan y reviran diciendo que ellos son tan importantes que hasta fueron ignorados. O sea que figuraron de la manera más patética: “Me tomaron en cuenta solo al mandarme a la papelera de reciclaje”. ¡Presumen que los bloqueaste! Qué patético y lastimoso, de veras. Mejor quedarse callado, ¿no cree?

Por fortuna existe justamente esa función, la de borrar comentarios y bloquear usuarios. Desaparecer a esos rabiosos, fracasados, envidiosos, cretinos, ignorantes, alterados, iluminados, patanes y tocados por la mano de Dios con un botón me reconforta. Son personas que ni conozco ni me importa saber nada de ellos, pero ellos sí necesitan estar en mi muro y hacerse notar. Bufones.

Y luego hay otros que al momento de leer algo que publicaste y que no entienden, preguntan qué es. Bueno, si ya te tomaste la molestia de entrar al internet, deberás saber que existe Google, donde puedes googlear todas las dudas que tengas. Lo más probable es que no lo hagas y te mantengas igual de ignorante que siempre o, de hacerlo, creerás cualquier opinión que leas, sin verificar o cotejar la información. Esa es la actitud de las personas que opinan a lo pendejo en los muros de terceros. Lo bueno es que usted, que me lee en MILENIO semana tras semana, no es de esos; se lo agradezco.

No me queda claro por qué estas personas, en lugar de criticar –sin razón, sin talento o autoridad– no aportan algo valioso. Podrían escribir algo pensando que tal vez lo harán mejor que yo (cosa que no se puede, porque cada quien escribe a título personal y a su estilo), y así mejorar las cosas con una literatura que comunique algo provechoso. Pero no: la cosa es espetar, escupir, hacer ruido, perturbar en vez de crear debate, reflexión o crítica. No tienen capacidad para hacerlo. Opinan porque sienten que están capacitados para contrarrestar o mejorar una opinión, pero queda claro que el que se tenga la oportunidad de opinar no quiere decir que lo que se diga tenga algún valor o sea importante. Punto.

Bueno, a lo que me trae aquí: a esas personas que opinan por opinar; nadie le ha pedido que haga ningún tipo de cambio, observación ni corrección en mis textos, ni le pagan por hacerlo. Nadie requiere de su docta opinión y a nadie le interesa que lo publique. Hágalo en su muro y que lo lea su chingada madre. Saludos a su mamacita. ¿Quiere llamar la atención? ¿Desea que otros se enteren de lo culto, inteligente y preparado que usted se cree que es? Bueno, ponga atención: si lo que publico le perturba, incomoda u ocasiona un escozor o titileo en el perineo, tengo un procedimiento para usted; seleccione mí texto, ponga copy, después paste en su ordenador, luego ejecuté los cambios que a usted le parezcan necesarios y adecuados, pase a imprimir el documento, enróllelo e insérteselo en lo más profundo y recóndito del orto, y déjelo allí a que se disuelva lentamente. Por su atención, gracias. 

chefherrera@gmail.com

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