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Lunes , 24.09.2018 / 15:10 Hoy

Columna de Adrián Herrera

Mujer

Adrián Herrera

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A la mujer no le consiento enseñar ni imponerse a los hombres; le corresponde estar quieta, porque Dios formó primero a Adán y luego a Eva. Además, a Adán no lo engañaron, fue la mujer quien se dejó engañar y cometió el pecado". Primera carta a Timoteo, 2:12

Esta declaración del apóstol Pablo a un tal Timoteo me conmueve mucho. Los argumentos para justificar la misoginia ancestral son tan sólidos: vienen directo de Dios. Ni cómo ganarles con esa lógica. Leyendo una antología de cuentos populares, me encuentro con el tema recurrente de la doncella, hija de un rey, que es secuestrada por una entidad malvada y entonces el rey debe pedirle a alguien que la rescate. Y siempre sale un tipo que o es el más fuerte o el más astuto. Y siempre rescata a la doncella y se casa con ella. -Usted la rescata, usted se la queda, -le dice el papá al joven. Cuando me andaba casando tuve que seguir un ritual y que consiste en ir a casa de la novia -bajo previa cita- y en presencia de familiares tanto de ella como de él, pedir a la muchacha. O sea, pedir permiso. En el caso de los cuentos, la señorita viene dada en una especie de comodato como premio a una hazaña; la recompensa con el objeto de deseo. Objeto.

Volviendo a lo de la pedida, se solicita amablemente que dejen ir a la señorita bajo el supuesto de que el galán posee las virtudes necesarias para hacerla feliz. Me deja pensando: ¿se trata, al igual que los cuentos, de una especie de rescate? Debo pensar que la casa paterna es un tipo de mazmorra y que tanto la dama como su pretendiente buscan romper las condicionantes sociales y morales que los mantienen separados. Entonces, por virtud de que somos civilizados, se pide amablemente que liberen a la niña y la dejen escapar con ese hombre. En todo caso, hay que pedir permiso, pues no es bien visto que ni el novio se la robe o que la novia se salga así nada más.

En esencia, la mujer sigue siendo un objeto poseído por alguien. Encima, se considera que es incapaz de tomar decisiones por sí misma y siempre requerirá la legitimación de un tercero (casi siempre el papá o el marido) para intentar emanciparse. Vaya, tiene que pedir permiso, la tienen que rescatar y debe ajustarse a las reglas que se le impongan. Si es cierto que las cosas hoy están mucho más relajadas que en tiempos de Pablo y Timoteo y que hay muchas mujeres que toman la iniciativa, seguimos con un lastre cultural que ejerce una presión social y moral tremendo. Y es un lastre derivado en gran medida de estupideces como las que salen en la Biblia, déjeme decirle. Redúzcalo a esto: las mujeres son tontas, incapaces de llevar a cabo las tareas tradicionalmente reservadas para el hombre, deben pedir permiso y deben permanecer en casa lavando y cocinando. Siglos con lo mismo. Ni para cuándo ver que se componga esto.


chefherrera@gmail.com

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