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Lunes , 10.12.2018 / 01:47 Hoy

Columna de Adrián Herrera

Hipo

Adrián Herrera

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El otro día fui víctima de un temible y fastidioso hipo. ¿Puede uno sobrevivir este fenómeno? A veces. Hay gente que muere de ello. En serio; mueren más por infartos al miocardio ocasionados por ataques de hipo violentos y descontrolados que por mordeduras de serpientes no venenosas o por accidentes automovilísticos no fatales. Además, el hipo ocasiona perturbaciones severas de los tendones de la rótula y acentúa de manera anormal las tensiones de la bolsa escrotal, lo cual es gravísimo, especialmente en las mujeres. El caso es que hice un post en redes sociales donde informaba a la comunidad sobre el problema en cuestión; no tardó la gente en compartir opiniones y remedios. Le muestro algunas de las soluciones más notables:

“Chef, le está fallando el píloro; tómese algo para la acidez”. “Llene un vaso con agua y tómesela girando en sentido contrario a las manecillas del reloj. No pare hasta terminar el agua. Entonces me avisa si se le quitó el hipo o se ahogó”. “Saque la lengua, ponga un palito de paleta debajo de ella y tome agua con hielo. Es neta”. “Trate de eructar, chef”. “Deje de respirar hasta donde más aguante”. “¡Tres piquitas de sal y un trago de agua!”. “Gotitas de limón en la campanilla, en serio. ¡Tienen un 99% de efectividad!”. “Dicen las doñitas ahí donde trabajo que hay que tomarse un vaso de agua volteado de cabeza”. “Beba con popote, ¡funciona para mí!”. “Con un susto bien puesto se quita”. “El hipo se quita calentando el vaso de agua con un trapo”. “Es el aire cochino de Monterrey lo que genera el hipo”. “En un vaso con agua coloque un popote, sople de manera continua dando espacios a la respiración; eso provoca que se cierre la boca del estómago y que se quite el hipo”. “Ponga azúcar en una cuchara y sobre ésta exprima un limón y listo. Repita la operación”. “Lo mejor es llenar una bolita de algodón con alcohol y ponerla en el ombligo fijándola con un curita. Funciona muy bien”. “Con veneno para ratas te juro que nunca más volverás a tener hipo”. “Tomar agua de una vaso de cristal con una cuchara de metal dentro y que ésta te toque el entrecejo al momento de beber: ¡funciona 100% de las veces!”. “A mi nieto se le quita comiendo uvas”. “Dígale a su señora que le haga cosquillas; la risa provoca que el diafragma se mueva de tal forma que contrarreste su movimiento por hipo”. “Apretar con fuerza en la boca del estómago con un dedo hace que el hipo se vaya para siempre”. “Haga un puré de plátano con limón y sal y agregue un poco de agua mineral; ha funcionado en mi familia durante tres generaciones”.

Luego de leer tanto remedio chingado hice una lista para ver con cuál empezaba, pero grande fue mi sorpresa cuando descubrí que el hipo había desaparecido, así como llegó, de manera espontánea y misteriosa. Y qué bueno que no me receté algunos de los remedios antes expuestos, pues me queda claro que sí, de seguro se me quita el hipo, pero luego me da un patatús o un soponcio. Aquí uno ya no sabe si el remedio cura o enferma. El punto es que el hipo es, sin lugar a dudas, un malestar que no es natural; opino que tiene que ver con fuerzas siniestras y oscuras que actúan sobre nosotros para castigarnos por alguna falla moral, algún pecado. Por lo pronto me voy a parar de cabeza y voy a tomar agua fría, sólo como medida preventiva.

chefherrera@gmail.com

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