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Columna de Adrián Herrera

El Mundo de las Cosas Perdidas

Adrián Herrera

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Mi hijo regresó aquella tarde de la escuela sin la lonchera. Mi mujer se dio cuenta y al instante preguntó dónde mierda la había dejado. -No lo sé, -respondió-, supongo que por ahí. Ella le dio un jalón de orejas y le advirtió que si al día siguiente no llegaba con el artefacto habría consecuencias. Pero al día siguiente el niño llegó con las manos vacías.

-No aparece, -dijo.

-¿Lo buscaste en el departamento de lost & found?

-Sí, pero no estaba.

-No lo entiendo -dijo mi mujer-, casi siempre aparecen las cosas allí.

-¿Dónde crees que puede estar? -preguntó, casi al borde de la resignación.

-Pues en el Mundo de las Cosas Perdidas.

Mi mujer se le quedó viendo con ganas de darle un coscorrón y se fue a la cocina a trabajar.

-Háblame de ese sitio, -intervine yo.

-Bueno pues es un lugar donde van a dar las cosas que desaparecen sin rastro y explicación. Pero no solo son objetos: también las personas y las mascotas van a dar ahí.

-¿Y qué hacen las personas?

-No mucho; se entretienen usando los objetos perdidos, que son muchos y muy variados. Forman una sociedad bien organizada donde un grupo se encarga de recibir los objetos y mascotas, otro los clasifica y ordena y al final un jurado establece quien se queda con qué. Y si los objetos llegan rotos o descompuestos los envían a un taller para repararlos. Las personas no saben por qué están ahí ni cómo llegaron pero al poco tiempo se acostumbran y, de hecho, viven muy felices porque la memoria no existe: ¡nadie se acuerda de quién es ni de lo que hizo! Se limitan a pasarla bien y a no hacer preguntas. Y lo que es más, si un día llegan a pelear o a insultarse, en un abrir y cerrar de ojos están como si nada, pues ahí no hay memoria ni recuerdos.

-¿Hay manera de regresar de ese lugar?

-Sí. El proceso es reversible, porque ahí también se pierden las cosas perdidas y vienen a dar otra vez a su mundo de origen. Pero hay dos problemas; las personas que regresan llegan con amnesia y al verse al espejo no se reconocen, y ni con hipnosis la recuperan. Sin embargo hay unos que regresan recordando el futuro, pero se vuelven locos, porque todos los días se levantan con la angustia terrible de saber el día en que van a morir, y así viven irremediablemente horrorizados. La mayoría intenta suicidarse, pero no pueden porque existe una fuerza cósmica que se los impide, y así deben morir en el día y la hora determinadas para cada quien. También hay quienes llegan con el poder de recordar todo el pasado, en detalle, pero quedan atrapados en aquella memoria y pronto mueren de melancolía.

-¿Y las cosas que regresan de allí?

-Ah, esas siempre llegan rotas e inservibles. Lo mejor es tirarlas a la basura.

-Pienso que voy a soñar con ese lugar.

-Sí, de hecho, a veces tenemos sueños donde vemos esos objetos o personas que hemos perdido. Los psicólogos dirán que se trata de una reacción, de un deseo de querer tenerlos de vuelta, pero en realidad el sueño es una conexión directa con ese mundo, y lo que en sueños vemos ahí está verdaderamente ocurriendo.

Meditaba yo sobre el Mundo de las Cosas perdidas cuando mi mujer volvió de sus quehaceres. Volvió a amenazar al niño con castigo si no encontraba la lonchera.

Y sí; al día siguiente regresó de la escuela y para mi sorpresa la lonchera estaba sobre la mesa.

-Mira, ¿dónde estaba?

-No sé. Supongo que por ahí.

No hubo castigo y todo volvió a la normalidad. Excepto por un detalle; vi algo que me pareció sospechoso y me acerqué a la lonchera a inspeccionarla: estaba rota.

chefherrera@gmail.com

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