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Martes , 18.09.2018 / 11:30 Hoy

Columna de Adrián Herrera

Diminutivos

Adrián Herrera

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Harto de escuchar lo siguiente: “Vengo humildemente a aportar mi granito de arena”. Primero, basta de esta falsa modestia y humildad aparente. Uno llega con lo que tiene, con su mejor esfuerzo, preparación y propuesta y no le veo el caso a creer que por aparentar una modestia innecesaria el resultado será mejor o por lo menos más loable que llegar gritando a boca de jarro que uno es bueno y competente. Segundo: la gente tiende a no saber lo que es la humildad, confundiéndola con estar económicamente jodido y con una actitud servil y pasiva. Nada de eso; la humildad es una virtud que tiene que ver con modestia y discreción, no con minimizar logros ni capacidades. Tercero: esa mamada del granito de arena me tiene hasta la madre: no somos hormigas.

“Disculpe la molestia, venía a ver si es posible que me den trabajo”, me dijeron el otro día en el restaurante. Para empezar, si usted ya llegó disculpándose y dejando en claro que viene a molestar, las probabilidades de que consiga lo que quiere disminuyen. Después, si dice algo como “venía”, en vez de “vengo”, pues no hay mucho que hacer. Y para rematar, no llega con la certeza de que encontrará efectivamente un puesto, sino de que está convencido de estar sujeto a un proceso de probabilidad, no de certeza. Está muy cabrón este esquema mental porque es, esencialmente, de negación, de miedo, de fracaso, de exclusión, de minimización.

Una cosa es empatía y otra muy diferente identificarse con personas o situaciones de fracaso o de falta de voluntad. No entiendo por qué esta tendencia a reflejarse no con la víctima, sino con el perdedor. Nos da lástima, ternurita o ñañaras, vaya usted a saber. Lo cierto es que es un signo preocupante. Recuerdo una carrera de obstáculos que vi en la tele hace años; un negro comenzó a rebasar a todos y al final ganó la carrera. Pero había otro tipo que, con muchos trabajos, terminó la contienda, pero se la pasó cayendo y tumbando los obstáculos, llorando y gimiendo. Dio lástima, y al final captó la animosidad del público, al grado que al ganador ni lo pelaron. Al final lo entrevistaron y reveló que había tenido una infancia difícil y que con mucho esfuerzo había llegado a la competencia. Y la gente lloró con semejante testimonio. Pues sí, pero quedó en último lugar y eso era una carrera, no una telenovela, no mamen. Por mí, que se vaya a la punta del carajo con su lacrimosa historia: aplausos al negro.

El lenguaje condiciona de manera profunda nuestra actitud y consecuentemente nuestras acciones. Que quede bien claro. Vemos el mundo –y a nosotros mismos– en buena medida por el lenguaje que usamos para describirlo. Las palabras tienen un poder insospechado, tremendo; habitan en la profundidad de nuestra alma y acechan, hierven, conspiran, modifican. Cuidado.

No más diminutivos, eso déjenselo a los fracasados, a los pequeños, a los disminuidos, a los que no tienen ni voluntad ni talento ni imaginación; yo vengo a construir mi realidad con grandes bloques de roca, no con granitos de arena. Los granitos de arena están muy bien en las playas, en vacaciones.

Yo vengo a ser grande y a engrandecer, no a mostrarme chiquito y vulnerable mientras otros construyen, amplían y proyectan. Yo no vengo a quedarme rezagado en actitudes deprimidas ni a regocijarme en esquemas que pertenecen al pasado. Que se abracen y consuelen entre ellos los perdidos, la gente pequeña, los reducidos, los aludidos, los melancólicos, los somnolientos. Mire, esto no es un tratado motivacional ni de autoayuda, es simplemente una observación sobre lo jodidos que estamos mentalmente. Es un problema de actitud. En el país de los diminutivos no nos queda más que reconfigurar nuestro lenguaje y acentuar lo grande, lo posible, lo alcanzable. A quienes les molesta que alguien presuma sus habilidades yo les digo ahora: ocúpense de lo suyo y dejen que otros triunfen mientras ustedes, envidiosos y fracasados, los miran desde la lejanía y se hacen chiquitos, oh, cada vez más chiquitos... 

chefherrera@gmail.com

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