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Sábado , 20.10.2018 / 11:24 Hoy

Columna de Adrián Herrera

Brujas

Adrián Herrera

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Se cuenta un chiste sobre un tipo que llega a visitar a su compadre. Al llegar a su casa advierte que de la ventana cuelga una ristra de ajos. Al acercarse ve una herradura en el dintel de la puerta y cuando le abren, dentro ve una botella con agua bendita. -Qué pasó, compadre, -le reclama-, ¿a poco cree usted en brujas? -¡Claro que no! -le responde, pero de que las hay, las hay.

En 2004 salió publicada una nota en un periódico local sobre un policía del municipio de Guadalupe que fue atacado por una bruja. Relata que se encontraba patrullando cuando de pronto vio cómo una mujer descendía lentamente por el aire y hacia la patrulla. -Llevaba un vestido negro, no tenía párpados y se acercó a mí -declaró el uniformado. Entonces avanzó hacia él y al percatarse de ello encendió la patrulla y echó en reversa. -Me empezó a corretear y fue cuando pedí apoyo por el radio, pero entonces me alcanzó, se dio contra el parabrisas y se me quedó viendo con su rostro horrible y sus ojos completamente negros: me tapé la cara con las manos y me desmayé. Al policía lo sometieron después a pruebas toxicológicas pero no hallaron nada, lo que complicó el diagnóstico, porque siempre es más fácil explicar estos comportamientos por abuso de drogas y alcohol. Terminaron adjudicándole el fenómeno a una alucinación por estrés y fatiga. El expediente policiaco, empero, se abrió con el título de "La bruja de Guadalupe". Muy apropiado.

En noviembre de 2015 nos enteramos de otra noticia parecida; gente de Alfajayucan, en el estado de Hidalgo, vio a una bruja electrocutarse en un poste de luz. Vecinos de una colonia vieron lo que pensaron se trataba de un pájaro gigante —pero que después confirmaron se trataba de una auténtica bruja— chocar contra los cables de alta tensión. Declaran cómo vieron que la bruja andaba por el cielo dando brincos muy grandes; una mujer la vio, entró en ataque de histeria y comenzó a pegar de gritos de horror, alertando a los vecinos. Todos salieron a la calle y comenzaron a rociar agua bendita en sus casas para evitar que aquel ser siniestro entrara en sus hogares. Al ver esto, la bruja se alejó volando pero fue a dar contra los cables de alta tensión, donde comenzó a electrocutarse. Nadie hizo nada; se quedaron allí, viendo cómo se carbonizaba. Más tarde autoridades acudieron al lugar, retiraron el cadáver pero no se supo más y no se emitió una declaración oficial. Se supo después que habitantes de una comunidad cercana habían visto un fenómeno luminoso que, aseguran, se movía a través de la atmósfera dando grandes brincos, por lo que no queda la menor duda de que se trataba de la misma bruja.

Brujas correteando policías y aterrorizando pueblos, imagínese. Antes me habría escandalizado y hubiera pedido cordura y mesura, pero he cambiado de parecer; ya no me voy a pelear con nadie: a partir de ya digo que creer en brujas es chido. Y como el compadre del chiste, voy a declarar que, de hecho, no existen, "pero de que las hay, las hay". Por lo pronto voy por los ajos y el agua bendita. Le aconsejo que, cuando llegue a su casa, cierre puertas y ventanas. Uno nunca sabe.

Hasta la próxima.


chefherrera@gmail.com

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