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Viernes , 19.10.2018 / 17:16 Hoy

Columna de Adrián Herrera

¡Balazo!

Adrián Herrera

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Lo escuchamos fuerte y claro. Eran como las 7:15 o 7:20. Mi mujer estaba leyendo en el porche que da a la calle y yo escribía en el comedor. Una detonación aguda –probablemente un calibre 22– hizo un eco breve y expansivo en la cuadra; los perros corrieron a ocultarse bajo los autos y las aves volaron. Mi mujer entró rápidamente a la casa, sobresaltada, al tiempo que yo soltaba la pluma y salía a su encuentro. –¿Escuchaste?– preguntó, nerviosa. Cerramos la puerta, subí al segundo piso, tomé los binoculares y me puse a escudriñar la calle y las casas de los vecinos en busca de algo sospechoso. Vi tejados, patios, terrazas, cocheras; penetré recámaras, cocinas, estancias y comedores, pero no vi nada fuera de lo común. ¡Pero escuchamos un disparo a unos metros de la casa! Más o menos identificamos el área de donde habría venido, pero una inspección ahí no reveló nada; el barrio estaba tan tranquilo y apaciguado como nunca. Pero te digo que alguien disparó un arma y que se oía como una 22, a lo mucho un calibre 32.

Entramos en la casa, nos sentamos en la sala a discutir el asunto con una botella de whisky. ¿Qué pudo haber ocurrido? Esto no es cosa de narcos, porque ellos casi siempre usan calibres más gruesos. Aquí ocurrió otra cosa. Y no es que seamos argüenderos, pero ya tuvimos nuestra buena dosis de balaceras durante años y hoy, cuando suena algo raro o incluso fuegos artificiales, lo primero que pensamos es en un enfrentamiento o en un homicidio. Lo de esta vez tiene algo de misterioso. Hay algo que me suena sospechoso, le dije a mi mujer. ¿Recuerdas aquel incidente hace unos años en donde la pareja de vecinos de la casa de blocks de la esquina se puso a discutir acaloradamente y que luego de estarse dando de gritos y golpes ocurrió un silencio perturbador que nos dejó angustiados? Bueno, pues yo creo que algo violento despertó en esa casa otra vez y clarito lo escuchamos. ¿Qué pudo haber ocurrido ahí? Yo digo que hay dos escenarios, escucha. La pareja tuvo una discusión como la de aquella noche, pero hoy la cosa se resolvió de otra manera. Él le reclamó a ella alguna infidelidad, ella lo negó, pero la ebriedad pudo más que la cordura, y entonces él sacó un revólver y le recetó una bala en la sien, que silenció la discusión para siempre. El escenario alternativo propone que la dama es quien le reclama a su pareja una relación amorosa, que ha descubierto fuera de toda duda, y el caballero, en un ejercicio de descaro y cinismo, acepta la relación y declara, además, que su amante no sólo suple sus necesidades afectivas y sexuales, sino que supera en ejecución y potencia a las de ella. De esa manera el caballero sale de la casa y la dama, entrando en un vórtice depresivo –acuciado por el alcohol– saca el revólver, se coloca el cañón en el paladar y jala del gatillo. Un suicidio que estremece al barrio, porque encima, ella tenía tres meses de embarazo. O a lo mejor los dos están muertos y nadie se ha dado cuenta. ¿Habrán ocurrido las cosas así? Quién sabe. En el barrio donde vivo cualquier cosa puede ocurrir. Lo cierto es que unas horas después de aquel disparo comenzó a llover, y siguió así toda la noche y no se volvió a escuchar nada más que las gotas percutiendo los techos de los carros, las casas, la calle y los ladridos eventuales de los perros.

Al final nunca llegó la Policía ni se reportó nada fuera de lo normal. Pero mi mujer y yo estamos seguros que alguien murió esa noche, porque clarito escuchamos un disparo.

Ya encontrarán el cadáver.

chefherrera@gmail.com

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