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Domingo , 23.09.2018 / 07:36 Hoy

Unicornios Mexicanos

El mundo es de la colectividad

Adolfo Ortega

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Soy un curioso de lo que sucede con los sistemas que se sustentan en la gente para sustituir actividades que antes proveían profesionales. Me refiero a los esquemas tipo crowd, como el que se usa para obtener información generada por el propio usuario del sistema (crowdsourcing/Waze), el que se utiliza para fondear iniciativas de interés común (crowdfunding/Fondeadora), o el usado para ser accionista de un proyecto emprendedor (crowdequity/Playbusiness), entre otros.

No deja de sorprenderme el poder que tienen las masas y el talento de quienes han visto este poder y lo han canalizado a través de plataformas que lo organizan y lo potencian.

La gente se sorprende cada vez menos cuando le digo que no tengo auto y que soy un hard-user de Uber, pero hace casi tres años, decir que no tenía un auto propio y que prefería usar el servicio de la aplicación era como un pecado contra el capitalismo. Lo mismo sucedía cuando contaba que me hospedaba en casas o departamentos de particulares a través de Airbnb y no en hoteles, como el resto de la gente.

Ahora leo con mucho interés lo que sucede con una compañía inglesa llamada The Collective, una startup de coliving que ofrece espacios para que la gente viva y trabaje con todas las comodidades, pero sin la propiedad de nada. Un concepto al que le dicen Living as a service.

"En el futuro, todos seremos homeless", dijo en una entrevista reciente James Scott, el COO de The Collective.

No alcanzo a imaginar todos los cambios que una tendencia así puede provocar en los negocios. De pronto, muchos de los servicios que se prestaban B2C o negocio a consumidor, se transformarían en B2B o negocio a negocio.

Por ejemplo, los servicios de comida a domicilio ya no tendrían mucho sentido si donde vivo hay un servicio con varios menús a elegir. O las empresas que proveen televisión por cable o servicio de internet ya no tendrían que buscar clientes en las familias directamente sino a través de estos espacios compartidos.

Al mismo tiempo me surge la duda de cómo harán las empresas de ciertos ramos, como la inmobiliaria, automotriz y de servicios financieros, entre muchas otras, que suelen apoyar sus argumentos de venta en la tranquilidad o el estatus que sus productos o servicios solían darle a sus clientes, para animar a las nuevas generaciones a que sean sus consumidores.

Es verdad, no sabemos si esta tendencia vaya a seguir creciendo. Pero sin duda hay muchos incentivos para que así suceda. ¿Quién de la generación millennial prefiere endeudarse 10 o 20 años con una hipoteca en lugar de vivir la experiencia de disfrutar en ese mismo periodo 10 o 20 lugares distintos, a los que no hubiera tenido acceso si hubiera querido comprarlos?

Y más preguntas. Si ya no necesito auto propio para trasladarme, oficina propia para trabajar, servicios de vivienda propios para vivir, ¿qué sigue? No me lo puedo imaginar, pero si hablamos de que estos servicios se basan en la experiencia del usuario más que en la propiedad, se abre un mundo de posibilidades.

*Fundador de VenturaMedia, firma que promueve la cultura emprendedora.

@adolfoconected
adolfo@venturamedia.mx

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