• Regístrate
Estás leyendo: Del "bluff" al "bullsh*t"
Comparte esta noticia
Domingo , 24.06.2018 / 06:07 Hoy

Unicornios Mexicanos

Del "bluff" al "bullsh*t"

Adolfo Ortega

Publicidad
Publicidad

Cuentan que en 1997, cuando Blanca Treviño era gerente en Softtek para EU, tenía el desafío de conseguir un gran cliente para probar el éxito del concepto nearshore. Nadie creía que sería capaz de convencer a una gran empresa de elegir a un proveedor mexicano en lugar de un indio.

Treviño consiguió una cita con ejecutivos de GE, que en ese entonces buscaba una alternativa a las empresas indias. Era su oportunidad. Citó a los ejecutivos en sus oficinas, ubicada en la colonia Condesa, en la ciudad de México, en un edificio casi vacío al que se acababa de mudar.

Todo parecía ir bien hasta que el cliente le preguntó en dónde desarrollaría las soluciones de TI que estaban buscando. Treviño no lo tenía resuelto. Improvisando, la mujer subió a los ejecutivos a un elevador, oprimió con seguridad cualquier botón, sabiendo la baja ocupación del edificio y al abrirse las puertas en un piso completamente vacío les dijo “aquí estará su fábrica de software”. Softtek ganó el contrato.

El bluff es algo que suelen hacer muy bien los mejores emprendedores que conozco. Tienen respuestas para todo y las dan con una seguridad inigualable. Saben cómo comportarse ante los clientes aún en los momentos más incómodos y nunca o casi nunca se nota que están improvisando.

Confieso que el bluff es algo que me ha costado trabajo aprender. Provengo de una actividad, el periodismo, en donde uno de los temas que más se suele abordar es la ética. No se trata solo de obtener información útil y reveladora sobre una investigación, sino de cómo se obtiene esa información. Se critica al periodista que miente a una fuente con tal de saber algo. O a quien hace pensar a las fuentes que tiene más información de la que realmente tiene para que éste confíe y le revele la historia completa.

“La mayoría de los emprendedores bluffeamos de una u otra forma”, escribió en 2013 el emprendedor serial Andrew Griffiths. “Quizá conozcamos nuestra área de expertise, pero eso no significa que conozcamos cada aspecto de cómo operar un negocio. Tenemos que bluffear y arriesgarnos con la gente importante que podría perder su fe en nosotros, lo que podría ocasionarnos un desastre”.

¿Cuál es la diferencia entre bluffear y mentir? ¿Hay algún aspecto ético que diferencie ambas actividades? ¿En qué momento un bluff se convierte en bullshit?

Para Griffiths, la diferencia consiste en que el emprendedor pueda o no cumplir con lo que promete en el bluff. Si Treviño hubiera prometido a los ejecutivos de GE ese piso, sabiendo que no podría rentarlo por cualquier motivo, eso habría sido bullshit. Por eso es muy importante conocer nuestros propios límites como emprendedor.

Tengo la impresión, sin embargo, de que el mundo de los negocios está lleno de personas con el síndrome del impostor y con el efecto Dunning-Kruger. El primero se trata de un fenómeno psicológico en el que la gente es incapaz de internalizar sus logros y no se da cuenta de lo que realmente es capaz. Y el segundo se trata de personas incompetentes que no saben o no quieren creer que lo son. Pero de ese tema escribiremos en otra columna.

*Fundador de VenturaMedia, firma que promueve la cultura emprendedora.

@adolfoconected

adolfo@venturamedia.mx

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.