Espejos siniestros y trampas narrativas
Domingo, 5 Octubre, 2008
M irrors (Espejos siniestros) la nueva película del francés Alexandre Aja, empieza con una secuencia de créditos sumamente atractiva. A través de efectos de espejos descubrimos aspectos nuevos de la ciudad de Nueva York. Su sky line, las calles, los edificios y parques y el flujo de autos y peatones llenan la pantalla de movimiento y ritmo, enajenan las conocidas vistas de Manhattan y nos la muestran a través de un caleidoscopio que se repite en las letras de los créditos que repiten el efecto del espejo. Desde este momento sabemos lo que nos espera: una historia que juega con el espejo —y el espejismo— como posibilidad de una realidad alterna y la vieja amenaza de que los espejos son malos porque pueden robar el alma.
El espejo en el espejo. Un laberinto, se llama una colección de cuentos de Michael Ende que juegan con visiones de sueños y pesadillas al estilo surrealista.
Al igual que en la literatura y la pintura, también el cine recurre a la materialización de los sueños, miedos y angustias humanas a través de los espejos. Recordemos, por ejemplo, las imágenes del espejo de La bella y la bestia, de Jean Cocteau (1946). El espejo también es un elemento narrativo importante en los melodramas. En escenas de introspección del personaje o en reflexiones de orden social lo muestran con su reflejo, como “doble”. Se me vienen a la mente las películas de Douglas Sirk como Imitación de la vida (1959) o Rainer Werner Fassbinder con filmes como Effie Briest y Las amargas lágrimas de Petra von Kant.
Sin duda, el lugar privilegiado para los espejos es el cine de horror. Desde El estudiante de Praga, de Paul Wegener (1913) y Nosferatu, una sinfonía del horror, de FW Murnau (1922) hay un gran número de filmes de horror que juegan con el espejo y su capacidad de atrapar al ser humano y negar el reflejo a los no-humanos como lo son, por ejemplo, los vampiros.
Como parte del cine fantástico el género del horror necesita materializar y visualizar los miedos y angustias y el enfrentamiento con el doble, que puede ser el reflejo del espejo, o un posible mundo alterno que se encuentra detrás del espejo, son una constante.
Mirrors (Espejos siniestros), de Alexandre Aja es un remake del filme coreano Geoul sokeuro (Into the mirror), de Sung-ho Kim (2003) que también narra la historia de un policía con licencia que se siente culpable por la muerte de su compañero y acepta el trabajo de vigilante de una tienda departamental que sufrió un incendio que provocó muchas muertes.
Al igual que el filme coreano Espejos siniestros mezcla el horror con una trama policiaca en la que un detective investiga las pistas de una serie de muertes que se relacionan con el incendio de la tienda de departamentos años atrás. Los espejos de la tienda más lujosa de Nueva York juegan un papel activo en las muertes y su efecto mortal se extiende a espejos y superficies cuyo brillo puede convertirse en trampa mortal para el humano.
Alexandre Aja tenía apenas 25 años cuando su filme Haute tension (Alta tensión), (2003), llamó la atención de los amantes del horror y lo llevó a Estados Unidos donde realizó The hills have eyes (Las colinas tienen ojos), (2006). Por su fama como innovador del género del horror junto a directores como Eli Roth y Rob Zombie, se le encargó la versión norteamericana de Into the mirror que trabajó en coautoría con Gregory Levasseur.
Quizá para no decepcionar a sus fans, el director sazonó el filme con escenas sangrientas que en lugar de aumentar el suspenso y la tensión rompen con el estilo y el tono enigmático que parte de los espejos y su poder mágico.
La descripción del interior de la lujosa tienda departamental con sus muebles, alfombras y maniquíes calcinados, es soberbia y despierta expectativas en el espectador, que se abandona con gusto a una trama con suspenso y fantasmas.
La descripción de los conflictos familiares a los que se tiene que enfrentar todo buen protagonista del cine de Hollywood, una serie de elementos inverosímiles y la grotesca escena de suicidio de la hermana del detective, destruyen el suspenso de las primeras escenas.
La banda sonora con su insistencia en crear tensión cuando se trata de preparar un efecto de susto, tampoco ayuda. Con tantos altibajos de tensión y mezclas de estilos, el espectador empieza a extrañar el poder de horror que crea Stanley Kubrick en Shining —a la que Espejos siniestros le rinde alguno que otro tributo—, o el horror del El exorcismo con su trama oscurantista, su tono histérico e imágenes monstruosas.
Con lo que sí me volví a reconciliar en Espejos siniestros es con el desenlace. En lugar del acostumbrado final que reúne a un héroe lastimado con su pequeña familia feliz, Mirrors propone un desenlace inquietante, interesante y digno de una película de horror.
ameier@milenio.com


