El fin del mundo ha llegado... y me siento bien

Jueves, 11 Septiembre, 2008

Para los despistados: ayer pudo haber sido nuestra última noche en la Tierra, o bien, el inicio del fin del mundo. A cien metros bajo tierra, en una zona ubicada entre la frontera de Francia y Suiza, se pulsó el temido botón on del LHC, siglas en inglés del Gran Colisionador de Hadrones, una gigantesca estructura compuesta por dos tuberías unidas en una circunferencia de 27 kilómetros y en cuyo interior correrán hadrones (protones y neutrones) a una velocidad prácticamente como la de la luz; con esto, los científicos involucrados pretenden recrear la teoría del Bing Bang, aquella explosión que dio origen al Universo, ése que habitamos todos nosotros, y descubrir partículas nunca antes conocidas o ver de una vez por todas qué tan cierto es eso de poder dar con otras dimensiones.

Y como en los mejores tiempos de la Edad Media, un grupo de científicos se oponen al ambicioso proyecto, como el doctor Walter Wagner, doctorado en física de la Universidad de Berkeley en San Francisco, quien está convencido de que el LHC es una ruleta rusa para toda la especie humana, incluyendo esa pelotita azul en que habitan. Según él, dado que nunca antes se habían colisionado estas partículas a una velocidad casi como de la luz, existen probabilidades de que surjan partículas conocidas como strangelets (antimaterias), burbujas de vacío o los enigmáticos hoyos negros, capaces de absorber la Tierra y desaparecer toda forma de vida tal y como la conocemos.

Por su parte, quienes están involucrados en el proyecto del colisionador, subrayan que la Tierra no corre ningún peligro, puesto que nuestro planeta se ha visto expuesto a fuerzas similares al de LHC en la galaxia y no ha pasado absolutamente nada.

El LHC se ha accionado mientras en este continente dormíamos y no pasó nada. ¿Acaso no hay nada que temer? De hecho, ayer simplemente se dejaron correr los primeros hadrones a una velocidad moderada en sentido de las manecillas del reloj para ver si podían circular por todo el anillo del LHC. La prueba resultó un éxito. La velocidad se aumentará lentamente y será hasta finales de este año cuando dejen correr los hadrones en sentido contrario, surgiendo las primeras colisiones. Y sólo entonces veremos qué pasa.

En internet es evidente el pavor que se tiene ante el experimento, y acusan de arrogantes a los científicos involucrados por poner en peligro la vida humana. Y me resulta hasta cierto punto cómico ver cómo ante la catástrofe nos acordamos de los humanos, a los que muchas veces odiamos, dejamos morir de hambre e incluso matamos sin remordimiento.

Mejor, como diría Michael Stipe de R.E.M.: “Es el fin del mundo como lo conocemos… y yo me siento bien”.

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