Días “D”

Viernes, 5 Septiembre, 2008

Las grandes masas sucumbirán más fácilmente a una gran mentira que a una pequeña
Adolf Hitler

A veces encuentro un placer insano en decir: tenía razón. No me sorprenden en lo más mínimo los descalificativos que vierte ahora Carlos Briseño Torres, rector destituido por el CGU, máximo órgano de gobierno de la Universidad de Guadalajara, hacia su mentor y ex líder moral, Raúl Padilla López.

Lo que nunca entendió Briseño es una premisa, que Winston Churchill aplicaba, en relación a saber medir bien en qué batallas involucrarse.

Pero el ex rector cometió el mismo error que su ex guía: confiar en aduladores. Sus seguidores, menos de los que él cree que puede conseguir con su campaña de desprestigio, y sus aliados hicieron lo mismo, lo usaron.

Sólo así puedo entender sus lágrimas. Porque no se las puedo creer. Corría el mes de abril de 2003. Renuncié como directora de la Unidad de Producción Audiovisual, cuando Carlos Briseño, que era secretario general, me dijo en un desaparecido café de López Cotilla: “Yo soy la Universidad de Guadalajara, esas son las condiciones y si no…”. Sentí escalofrió y luego sorpresa con temor. Endiosado, con voz baja, en tono amenazante cerró su perorata:“Pues recuerde que usted tiene familia y no sería grato que tuviera algún problema”, mientras sonreía. Aún guardo la grabación de esa conversación.

La paranoia, egolatría, el narcicismo, la mitomanía afloran de vez en cuando en el discurso de Carlos Briseño Torres. Una total disociación: de usar al grupo que ahora critica, desde su postura inmaculada e iluminada con su discurso por la legalidad y dignidad.

Se siente acorralado por sus ex compañeros. Cuando ellos ya cerraron el capítulo. Se proyecta en los supuestos defectos y errores de los demás, sin ver críticamente que es su reflejo.

No es novedad que ahora quiera defender con la lengua lo que no pudo mantener con inteligencia. No me sorprende que su lisonjero equipo ahora arme estrategias fascistas. Basándose en las reglas de regar una mentira y repetirla tanto que parezca verdad.

¿Por qué no suma simpatías, cuando él esperaba masas en su favor? Porque nadie confía en un traidor.

Le será difícil a Briseño aceptar que sus aliados Herbert Taylor y Emilio González, gobernador de Jalisco, lograron sembrar tempestades y ahora esperan ser quienes inclinen la balanza.

Según Carlos Briseño los demonios son otros, cuando quien abrió la caja de Pandora es él, quien ahora exhibe su pobreza en un aparador mediático.

Desbarrancó a muchos que creyeron y jamás pudieron. La Universidad se merece tiempos mejores: Reto de calidad en todos los sentidos. Quienes toman las decisiones tienen la última palabra para realmente transformarla en lo cotidiano y lo extraordinario.

marquez_cecilia@hotmail.com