¿Difícil de aceptar?

Jueves, 4 Septiembre, 2008

Amigos... En muchas ocasiones he comentado cuáles son las condiciones y virtudes que debe poseer un torero para ser un digno representante de su profesión. En el mundo que envuelve la fiesta brava hay frases que han quedado acuñadas por la importancia y trascendencia de aquellos que las han exteriorizado.

“Para ser torero, primero hay que parecerlo”, decía con mucho acierto El Pasmo de Triana, Juan Belmonte, uno de los hombres más importantes en la historia del toreo, que fue capaz con sus conocimientos e innovaciones, de revolucionar la forma de lidiar reses bravas, dando paso al toreo moderno.

“Torear es mandar sobre los toros”, de aquí se deriva la frase que manifestó el ganadero de Galapagar Victorino Martín: “Pegar pases a un burel, eso cualquiera lo hace; torear es privilegio de muy pocos”. Y qué razón tiene el mejor ganadero que hay en estos momentos en el planeta de los toros.

El enigma radica en que la gran mayoría de aquellos que desean abrazar la profesión de toreros, no tiene la inteligencia para aceptar dos cuestiones primordiales: la primera es que no entienden que les faltan cualidades para ello, y la segunda que su capacidad para aprender es muy limitada.

Recordemos también que hay dos postulados esenciales: “El arte de torear”, es el acto gobernado por el sentimiento, la estética, el corazón, pero además con el dominio y conocimiento perfecto de todas las suertes. El segundo refiere a que “lidiar, es el funcionamiento claro y exacto en que la cabeza, la técnica y los conocimientos, favorecen al mando y dominio total sobre los toros”. Sin embargo, éstos les son difíciles de aceptar.