Los padillistas
Miércoles, 27 Agosto, 2008
Ahí andan con cara de wath?, no se imaginaban que el que antes era su amiguito ahora se les ponga perrucho y no sólo los agreda sino que hasta este golpeando al que solía ser el jefe de la banda. Tan no pueden creerlo, que a dos días de que Carlos Briseño anunció su deslinde definitivo de Raúl Padilla López, no han atinado a tener una estrategia siquiera de respuesta a los agravios, y eso es señal de que aunque lo habían tachado de traidor y de que más de alguno había dicho que daría una puñalada por la espalda, lo subestimaron y creyeron que no sería capaz de hacer nada en contra del liderazgo en cuyo seno se formó, y que incluso hizo alimentó y lo hizo crecer.
Entre los corrillos de la política y el periodismo siempre se había dicho que si algún personaje local era una especie de Maquiavelo mezclado con El Padrino, ese era Raúl Padilla López. Se le atribuían poderes casi metafísicos para controlar la Universidad de Guadalajara y otras esferas de poder cuyos límites ni siquiera eran visibles. Se decía que era un gran seductor, un encantador de serpientes, el hombre más inteligente en estrategias de guerra y que era mejor no meterse con él.
Tal vez esos mitos se estén derrumbando. Lo que ahora vemos es que Padilla no era intocable, sino que ese halo de miedo que se había creado en torno a su figura era suficiente para que ningún humano terrenal pensara siquiera en proferirle ningún agravio. Cierto es que al principio de su historia moderna, él mismo alimentó esa fama con hechos que están documentados y que incluso rayan en la delincuencia, en el porrismo, o de plano en lo gángsteril. Sin embargo, hoy esa imagen de mafioso le va quedando grande y hasta da ternura verlo. Su parsimonia al hablar, sus camisas de cuello Mao, sus sweteres de cuello de tortuga, lo muestran como una persona afable y por momentos hasta dan ganas de abrazarlo, como cuando se queda dormido en los actos de la Feria Internacional del Libro.
Todo esto viene a cuento a raíz de su tibia respuesta a Carlos Briseño, que ya lleva dos días seguiditos dedicándole toda clase de improperios. Lo ha llamado cacique, obstáculo de la democracia, caprichudo, megálomano, rey chiquito, lo ha declarado muerto, en fin, sólo santo no le ha dicho. Y ¿cómo responde Raúl? A través de un simple desplegado en el que hace un recuento de su historia personal y reclama a Briseño por besarle la mano antes y darle de cachetadas hoy. Pero nada dice de los agravios en forma de hechos que está recibiendo. Por ejemplo, no deja claro si va a aceptar que Briseño lo separe del Fideicomiso del Centro Cultural Universitario y de las Empresas Universitarias. No fija su postura sobre lo que los rectores de centro han llamado “crisis institucional” en los órganos de gobierno de la UdeG y por el tono, deja entrever que ni siquiera va a dar la batalla.
Ayer en sus oficinas, varios de sus allegados mostraban un lenguaje físico que no dejaba lugar a dudas. Están perdiendo la batalla, su cara es larga, se reúnen en grupos para contemplarse en silencio, esperando la orden del general, la instrucción de dar la batalla, el plan de guerra. Pero nada pasa. Sólo un desplegadito y sanseacabó. Unos, los más radicales, juran que Briseño no pasará del viernes, que lo van a destituir con todo y vicerrector por traidor, pero los moderados reconocen que no pueden y que cualquier cosa que hagan en este momento en contra del rector se les revertiría y lo legitimaría ante la sociedad y la opinión publica. Algunos incluso han comentado que el discurso briseñista es tan impecable que hasta están de acuerdo con él. No en lo del cacique, sino en lo de destinar mayores recursos a los estudiantes y las escuelas y menos al show business.
Personalmente me cuesta trabajo creer que la era de Raúl Padilla al frente de la universidad ha llegado a su fin y que efectivamente viene una étapa en que las decisiones sean colegiadas entre los universitarios. Y no deja de extrañarme que los padillistas anden como rata en quemazón y a lo más que lleguen es a decir que Briseño teje cortinas de humo y sólo es un bocón. Ese mítico Raúl y su mítico grupo no pueden dejarse vencer así como así y el subconsciente sugiere que algo grueso deben estar preparando, que el contraataque no tendrá parangón y que algo harán contra el rector y sus huestes, pero el conciente sabe que no es así. Que no pueden, que están sorprendidos, y pasmados.
Además da un poco de reserva que el nuevo equipo se empache de poder y no tenga un proyecto real para la nueva vida académica o el nuevo enfoque cultural. Y a lo mejor ahí está la estrategia raulista. Dejarles que hagan todo lo que quieran para que demuestren que no saben y la sociedad le pida regresar.
Ante la lluvia de sorpresas que estos días nos han dado y las que nos deparan, es difícil escribir un texto concluyente y en todo caso el mejor cierre es un: ya veremos.
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