Rusia pasa la factura de Kosovo
Miércoles, 27 Agosto, 2008
El 17 de febrero pasado, cuando Washington reconoció –tras haberla alentado largamente con Berlín– la independencia unilateral de la provincia serbia de Kosovo, el presidente saliente de Rusia, Vladimir Putin, protestó enérgicamente. Advirtió que el apoyo a la autodeterminación era un “claro precedente” para otras regiones como “Abjasia y Osetia del Sur” (en lucha contra Georgia para separarse de su territorio), además de Transnistria (franja de Moldavia junto a Ucrania), la República Srpska (Bosnia) y el Alto Karabaj (Azerbaiyán). Putin acusó a la Unión Europea de actuar con doble rasero al defender a unos (los kosovares) y combatir a otros (vascos, abjasios, osetos, etc.) El primer ministro de Kosovo, Hashin Thaci, explicó entonces que se independizaban de Serbia en atención a “la voluntad de los ciudadanos”; un argumento que toma prestado hoy Rusia para justificar lo propio en Osetia y Abjasia.
El montaje de EU y Alemania en relación a Kosovo fue el último paso en la desintegración de Yugoslavia donde en 1914 inició la I Guerra Mundial, y terminó, con la trágica guerra en los Balcanes en 1990, el siglo XX. El proceso de secesión de Kosovo comenzó a fines de 1980, bajo el impulso de Berlín, de la misma forma que la suerte de las pro rusas Abjasia y Osetia del Sur estuvo sellada desde la implosión de la Unión Soviética en 1990-1991. Sólo faltaba un pretexto para que Moscú moviera sus piezas en el Mar Negro, en la puerta de entrada a Oriente Medio. Se lo sirvió en bandeja 17 años después el presidente de Georgia, Mijail Shaakasvili al atacar Osetia. En la bofetada que hoy devuelve el Kremlin a Washington y Berlín está incluido su rechazo a la ampliación de la OTAN hasta casi las fronteras rusas, contrario a lo que se le prometió cuando se reintegraron las dos Alemanias.
Como sea, en el nuevo tablero mundial donde las grandes potencias han vuelto a mover sus fichas, el unilateralismo bushiano –que permitió Kosovo e Irak– se está haciendo trizas. Lo mismo que la estrategia de “guerra al terrorismo” de EU-OTAN en Afganistán donde, a casi siete años de distancia, la dupla talibanes-Al Qaeda es la gran triunfadora desde aquel fatídico 11 de septiembre de 2001.



