Amenazas latentes

Domingo, 3 Agosto, 2008

Nuestros patrones de producción y consumo nos están dándonos acuíferos con arsénico, ecosistemas destruidos y calentamiento global.

La ganadería industrial, como la que se practica en nuestra comarca y en otras partes del mundo, genera problemas ambientales a lo ancho y largo del planeta.

Paradójicamente estos productos -la carne, la leche y los huevos- que tantos recursos consumen y tantos desechos nos dejan están ligados a diversos problemas de salud en quien los consume.

Visto desde un punto evolutivo y fisiológico, beber leche de vaca tiene poco sentido. Comer carne o huevos todos los días también.

Nuestros patrones de producción y consumo nos están dándonos acuíferos con arsénico, ecosistemas destruidos y calentamiento global. Pero además, hay prácticas productivas en el sector ganadero que la mayoría de los consumidores ignoramos y que haríamos bien en conocer.

¿Sabía usted que el 70 % de los antibióticos usados en los Estados Unidos se consumen para añadirlos al alimento de vacas, reses, gallinas y pollos que no están enfermos? ¿Sabía usted que esta práctica tiene serias consecuencias para la salud de los humanos? Las bacterias que expuestas constantemente a los antibióticos desarrollan resistencia a estos medicamentos.

Luego, cuando los humanos sufrimos infecciones de bacterias resistentes, los antibióticos que nos receten no servirán.

La preocupación de los científicos es tal, que varias grandes corporaciones revisan con lupa el uso de antibióticos entre sus proveedores y, en algunos casos, les exigen que descontinúen el uso de antibióticos en aplicaciones que no tienen sustento médico.

Habrá que ver si el fin de estas perniciosas prácticas rescatan a tiempo la efectividad de los antibióticos para la protección de la salud de las generaciones futuras.

Otra práctica es el uso de hormonas para inducir el crecimiento acelerado de reses y pollos y para elevar la producción de leche. El uso de la hormona de crecimiento bovino, por ejemplo, fue aprobado en los Estados Unidos con base en estudios hechos por la compañía que estaba desarrollando el producto.

Años después se descubrió que el reporte que sometió la compañía a las autoridades ésta omitió experimentos que indicaban un riesgo para la salud humana.

Por ello, esta hormona (rBGH) está prohibida en Canadá y en la Unión Europea.

En Estados Unidos, en México y en La Laguna su uso es legal y se emplea con peculiar entusiasmo.

Permítame insistir en la imperiosa necesidad de que seamos mejores consumidores. De que integremos la información existente en nuestros patrones de consumo.

Es decir, que nos informemos y actuemos en consecuencia respecto a lo que comemos, pero también respecto a lo que vestimos, a la manera de transportarnos y a la forma de divertirnos.
La semana pasada me contactó un lector molesto, entre otras cosas, porque no mencioné los biodigestores que algunos ganaderos lecheros están instalando en sus establos.

Una omisión imperdonable de mi parte. Los biodigestores son un paso en la dirección correcta. Son también insuficientes ante el problema de las emisiones de la ganadería. Una pequeña fracción del metano sale del estiércol y es aprovechada por los biodigestores.

La mayor parte del metano sale del animal directamente a la atmósfera.

Por lo mismo creo que no es correcto que, sólo por empezar a atender una pequeña parte de la problemática ambiental generada por la ganadería, se proclamen ya sustentables y socialmente responsables.

fvaldes@nazasvivo.com

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