“El tehuacanazo es primero”: Vicente Guerrero

Lunes, 7 Julio, 2008

El “¡me vale Wilson!” del alcalde de León, a propósito de la condena general a los pavorosos cursos “de adiestramiento” a sus policías, cambió por el resignado “aceptamos la petición que nos hace la Procuraduría, no se va a hacer ahorita ningún entrenamiento de ese tipo (sino) hasta que se investigue…”.

Su baladronada con referencia virtual a una disminuida figura materna se antoja paráfrasis correctiva de la frase atribuida a su homónimo de Tixtla, Vicente Guerrero, cuando su padre le pidió deponer las armas: “La patria es primero”.

La variante del alcalde sugiere un procedimiento idóneo para servir a la patria: “El tehuacanazo es primero”.

Detestable que a policías se les instruya en prácticas de tormento y sorprendente que la metodología sea defendida por un bienportadito panista.

Las escenas del video en que un instructor (se dice que se trata de un inglés llamado Jerry… ¡Wilson!, y se habla de otro cubano, Gerardo Arrechea) le ordena a un extenuado agente revolcarse en el vómito que le produjo una de las clases, hacen recordar los cursos de tortura que impartió para la dictadura uruguaya el agente del FBI Dan Mitrione, con la cobertura de la Agencia Internacional para el Desarrollo.

El alcalde Vicente Guerrero Reynoso no ha de tener la menor idea de lo que fue la guerra tupamara, pero ha de coincidir con la leyenda que el FBI grabó en una placa para honrar a su experto: Héroe que perdió su vida por defender los valores de la democracia.

Necio en la defensa del entrenamiento, afirmó: “Yo sé que estoy bien en lo que hago”, y tronó contra los reporteros por “amarillistas”, porque “aquí no están dañando al alcalde; están dañando y generando una mala imagen en la ciudad…”.

Por fortuna y con rapidez, la Comisión Nacional de Derechos Humanos reaccionó y realiza ya una investigación.

Otro gallo cantaría si el adiestramiento de policías fuera explicablemente “severo”, “duro”, “enérgico”, para que tengan una resistente condición física en condiciones adversas, para lo cual no es necesario que aprendan a torturar.

Por más que los gobiernos guanajuatenses presuman de que en 20 años no ha habido una sola queja de tormentos policiacos, o de que se ignore aún el nombre del presunto martirizado por tres agentes atacados de risa, es lógico deducir que la capacitación en tan ruines artes es para “sopear” a detenidos.

Con la atracción del caso, la CNDH queda obligada a revisar todas las locas academias de policías de México, ya que el secretario de Seguridad Pública de León asegura que en todo el país hay cursos de tortura, y esto al doctor José Luis Soberanes no puede valerle “Wilson”.

cmarin@milenio.com