El abrazo de Salinas

Jueves, 3 Julio, 2008

Que no me incineren hasta después de muerto. Florestán

Para Carlos Salinas, el sábado 26 de marzo de 1994 era decisivo.

Sin superar el luto por el asesinato de Luís Donaldo Colosio, el miércoles anterior, y en busca de un sucesor, parecía atrapado en sus propios tiempos, como se confirmaría a partir de diciembre de aquel mismo año.

Necesitaba un nuevo candidato del PRI a la Presidencia de la República, ausencia que desde aquella arrogancia histórica nadie había previsto, como si fueran inmortales, realidad a la que despertaron violentamente a tiros desde unos arrabales a las afueras de Tijuana, la tarde del 23 de marzo de aquel año.

A partir del anuncio de la muerte de Colosio, aquella tarde, Salinas parecía paralizado, pero no aturdido.

El día siguiente, jueves 24, se le fue en el traslado del cadáver y los funerales; el viernes 25 en el entierro en Magdalena de Kino, y el sábado 26 en la búsqueda de un sucesor que no encontraba.

Su carta fuerte era Pedro Aspe, pero incumplía los requisitos legales de los tiempos: era secretario de Hacienda y estaba fuera del plazo de los seis meses constitucionales, y las elecciones eran el 21 de agosto. Intentó una reforma legal pero Carlos Castillo Peraza, presidente del PAN (el secretario general era Felipe Calderón) se opuso. Le dijo que si hubieran matado al candidato panista, Diego Fernández de Cevallos, nunca le hubiera pedido eso.

Salinas recibió a todos, escuchó a todos y anotó todo.

Luís Echeverría fue uno de los que llegó a Los Pinos y con candidato: Emilio Gamboa. Salinas escuchó, apuntó, pero nunca perdonó, no al ex presidente, sino a Gamboa, ajeno a la propuesta, con quien había tenido una relación estrecha y con el que desde entonces rompió.

Este sábado, catorce años después, ambos se reencontraron en la boda de Sylvana Beltrones. Manlio, su padre, los había invitado.

Luego de un titubeo inicial, tuvieron un primer acercamiento, tenso. Hablaron y se soltaron. Aclararon y al final se dieron un abrazo largamente pospuesto.

Era pasada la medianoche.

A las seis de la mañana, por el Paseo de la Reforma circulaba un automóvil seguido por otros dos. Al volante, Salinas, a su lado, Gamboa.

Se detuvieron en la Fuente de Petróleos, se despidieron, y cada quien retomó su camino.

Retales

1. DENUNCIAS.- El caso de Rodolfo Bastida se le puede revertir si se reúnen todos los agraviados que lo acusan de extorsión y despojo, sobre todo en Interlomas;

2. ¿RESPALDO? El reconocimiento público de Marcelo Ebrard a Joel Ortega no significa que vaya a permanecer en el cargo; y

3. ALCALDAZO.- Vicente Guerrero, el alcalde panista de León, no tiene remedio. Cuando se aperran en la imbecilidad, ni cómo sacarlos.

Nos vemos mañana, pero en privado.

lopezdoriga@milenio.com