Las vacaciones imposibles

Para el escritor, las vacaciones son un imposible. Eso lo podemos deducir de un artículo escrito hace buen tiempo por Roland Barthes. ¿Por qué? ¿Qué le impide al escritor ser como los demás, como todos los otros? ¿Qué tiene de particular?

En un texto escrito hace ya medio siglo por el investigador francés Roland Barthes, se ponía el acento sobre una cuestión que, hoy mismo, parecería seguir siendo denostada o dejada de lado: ¿tienen vacaciones los escritores? ¿Puede un escritor olvidarse de sus libros, sus historias, sus proyectos, sus artículos y estar, sencillamente, de vacaciones? Aquel ensayo, de sólo cinco cuartillas, está publicado en el libro “Mitologías”  y es en realidad un texto excepcional, ya que pone sobre la mesa una cuestión que, medio siglo más tarde, podría inquietar a no pocos artistas de la escritura…

Si un obrero, un oficinista, un maestro de primaria, pueden dejar su trabajo y salir, sencillamente, de vacaciones a la playa o a la montaña, ¿qué es lo que les impide a los escritores dejar de lado su trabajo y convertirse, en un tris tras, en un auténtico vacacionista con short y lentes oscuros? Roland Barthes nos entrega esta frase como un cubetazo de agua fría: “Gide leía a Bousset mientras bajaba por El Congo”.

Así, con referencia a una foto publicada por “Le Figaro”, Barthes nos muestra que, en efecto, André Gide seguía siendo un escritor en medio de las vacaciones. Digámoslo así: el pobre hombre no tenía remedio. Nada iba a impedirle seguir siendo escritor, ni siquiera las vacaciones. Según esa foto, nada iba a sacar al escritor de su condición, su destino, su vocación.

El escritor era elevado a la condición de invencible, inquebrantable. Según lo observa Barthes, las vacaciones surgieron para el bienestar de los estudiantes, y poco a poco se fueron expandiendo hasta alcanzar a la clase media y a los proletarios. Pero no llegarían a expandirse tanto como para incluir a los escritores. Y no por la sencilla razón de que los escritores no son trabajadores en el sentido usual de la palabra, son otra cosa. Y al no ser trabajadores, tampoco pueden tener unas verdaderas vacaciones. Barthes los describe de este modo: alguno apunta sus recuerdos, otro se ocupa de corregir pruebas, algún otro se esmera en la preparación de su nuevo libro.

Roland Barthes anota que, cuando un escritor no hace nada y lo confiesa, demuestra una vez más una fortaleza excepcional. Confesar el no hacer nada es, a las claras, una prueba más de su naturaleza excepcional. Es la excepción que confirma la regla. El caso es que el escritor mira subrayada su condición de héroe cultural al ascender al papel de médium entre el lector y las musas. El escritor se ocupa de anotar lo que le dictan esos espíritus etéreos, los cuales por cierto nada saben de playas y sol, nada quieren saber de vacaciones…

Según esta mitología del escritor, el artista de la palabra no será capaz de descender al nivel de lo vacacional, y seguirá ejerciendo su “profesión” o su “vocación” sin importarle la fecha ni las conmemoraciones. Total, el escritor seguirá pluma en mano, frente a la hoja de papel, esclavo como siempre de una fuerza que nada tiene que ver con fábricas o escuelas.

Para extremar esta suerte de mitología, Roland Barthes nos dice que, independientemente de que el escritor tenga una casa de campo, unos shorts y una hijita para tomar el sol, eso no va a arrancarlo de su oficio, y leerá y escribirá adonde quiera que vaya, lo quiera o no.

Hola Lilia
Me parece superextraño eso de encontrar gente que, a pleno sol, escribe. La verdad lo imagino como algo incómodo y además doloroso. Escribir mientras uno se somete a una alta sdosis de rayos ultravioleta garantiza, quizás, la posibilidad de un futuro cáncer en la piel, ¿no crees?

Buenas noches Ricardo
Tu comentario es demoledor y me temo que, además, tienes razón. Mitologías hay por todas partes, no son cosa exclusiva de escritores.

Yo creo que es bueno escribir durante las vacaciones, esan mas relajados los huesos de la mano.

Los escritores estan de vacaciones todo el tiempo. Para ellos es un placer imaginar historias y plasmarlas en papel. cuando un escritor es entrevistado y decide ser honesto con el reportero afirmando que no hace nada por el momento, crea un caos en el resto de los mortales ( donde me incluyo ) porque para que sea escritor debe estar haciendo eso, escribir, idear, ser creativo y no mantener las manos cruzadas como lo hacemos, incluso o mas en vacaciones.
Sin embargo en mis recientes vacaciones a Puerto Vallarta pude distiguir a uno que otro escritor, por la apariencia, que estaba placidamente bajo el sol, en traje de baño y con sus lentes de sol. Pero además estaba escribiendo. Quiza sean personas privilegiadas por la naturaleza ya que pueden realizar las dos cosas a la vez.

¿Pero estamos de acuerdo en que trabajólicos los hay en todos los oficios, no? Especialmente en estos tiempos que vivimos... Supongo que cada oficio tiene su propia mitología...Saludos