Combate la fuerza Aérea a narcos con radares obsoletos
La tecnología fue adquirida en el sexenio de López Portillo y ya cumplió su vida útil. Los Pinos conoce la situación desde 2007, refiere un reporte de la Defensa Nacional.
México.- Creada en los años finales de la guerra fría, la red de radares de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) es obsoleta, pues no puede rastrear todo el espacio aéreo del país y mantiene a las fuerzas armadas en desventaja para vigilar el ingreso de vuelos clandestinos cargados de droga, revela una investigación de la Fuerza Aérea Mexicana.
Un análisis presupuestario de la dependencia federal detalla que el sistema de radares que opera en el sur y norte del país debe ser sustituido lo antes posible por nuevas unidades, toda vez que ha rebasado su vida útil y está al borde del colapso.
Titulado Sustitución de los Actuales Radares del Grupo de Detección y Control Número 1 y Ampliación de la Cobertura del Espacio Aéreo Nacional, el reporte de la dependencia —entregado a la Secretaría de Hacienda— señala que la red del Sistema Integral para la Vigilancia Aérea (SIVA), compuesta por tres unidades, ya no opera al ciento por ciento de su capacidad. Esto se traduce en un mayor ingreso de aeronaves a territorio nacional sin control alguno.
Equipo viejo
“Se encuentran operativos (funcionando) los modos primarios y secundarios de los tres radares con excepción del modo primario de un radar, aun y con que se encuentran operativos, su rendimiento se ve disminuido en virtud de que no trabajan con la potencia suficiente debido al tiempo que se han mantenido en operación”, se expone en el análisis.
La Sedena no dudó en calificar al SIVA de “obsoleto”, plagado de “constantes fallas” y de “desempeño limitado”, debido a que su tecnología data de finales de la década de los 70, lo que hace su mantenimiento más difícil.
El sistema adquirido en Estados Unidos durante el gobierno de José López Portillo tuvo una vida de entre 10 y 15 años; sin embargo, la red que debe proteger los flancos sur y norte de México se encuentra ya en su año 17 de vida. Es decir, más allá de lo que fue ideada.
“Su ciclo de servicio eficiente ha concluido”, sostiene la Sedena. “La tecnología de los radares ya rebasó su tiempo de vida útil y sus refacciones ya no se encuentran en el mercado”.
El reporte interno, que fue entregado también a la Presidencia de la República a finales de 2007, advierte que la sustitución de esta tecnología es imperativa si se quiere mantener un control adecuado sobre las incursiones aéreas en la frontera sur y evitar, al mismo tiempo, que la frontera norte sea blanco de contrabandistas.
De no haber un cambio en el corto plazo, se añade, es posible que se suspenda la operación de uno de los radares y canibalizar sus partes para mantener en funcionamiento los otros dos, aún con los riesgos que conlleva para la seguridad nacional y la posibilidad de abrir un hueco más grande en la red de detección aérea del país.
“En el momento que no sea posible obtener refacciones por lo obsoleto de la tecnología se detendrá la operación de uno de los radares para utilizar sus componentes como redacciones (de los otros), y así sucesivamente hasta agotar definitivamente su ciclo de vida”, alertó la Fuerza Aérea.
La Sedena calculó que revitalizar las redes de detección a su cargo costará poco más de 2 mil millones de pesos.
Red en mal estado
De acuerdo con el Departamento de Estado de Estados Unidos, Veracruz, Oaxaca, Morelos, Quintana Roo, Tabasco y Yucatán concentran el grueso de los vuelos clandestinos que, provenientes de Colombia, burlan la vigilancia militar para abastecer de cocaína a las organizaciones mexicanas.
Según investigaciones estadunidenses apoyadas en datos de la Red de Radares de Largo Alcance ubicados en Florida, California y Arizona (ROTHR por sus siglas en inglés), hasta enero pasado los cárteles mexicanos y colombianos mantenían viva una conexión aérea, como en los mejores tiempos de Amado Carrillo Fuentes, El señor de los cielos.
Un mapa elaborado por el Centro de Información y Análisis de la embajada estadunidense en México –adonde fluyen en tiempo real datos de la red ROTHR, operada por el Departamento de Defensa estadunidense— se precisa que aun con los patrullajes aéreos de la Sedena ha sido posible detectar numerosos vuelos que se inician en Colombia —o incluso en altamar— y terminan en algún punto del territorio mexicano.
El documento obtenido por MILENIO incluye las rutas seguidas por miles de vuelos sin registro, originados mayoriariamente en la zona selvática del oeste colombiano y costas caribeñas de ese país sudamericano.
Washington infiere que de esta manera se transportan decenas de toneladas de cocaína hacia territorio estadunidense.
Aunque el mapa da cuenta de vuelos que han penetrado la defensa aérea mexicana, la situación en Centroamérica es incluso más grave, en especial en Belice.
Los radares estadunidenses revelan que en las zonas selváticas de este país que colinda con Quintana Roo, centenares de aviones aterrizaron en los meses recientes para descargar droga y transportarla vía terrestre.
Las autoridades del vecino país consideran que la droga puede llegar vía terrestre a México por la península de Yucatán a través de la selva común.

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