“Nos dijo que ya no quería vivir, pero nunca lo creímos”

La confesión de un nuevo amor fue el detonante para el crimen que estremeció a un pueblo.

Monterrey, NL.- La muerte de Mirna tuvo un motivo que la familia no pudo ocultar más, su nuevo amor fue quizá el detonante de la ira de Juan Francisco quien le disparó y posteriormente se quitó la vida.

El homicidio-suicidio que estremeció al municipio de Doctor González la noche del viernes tenía escribiéndose poco más de cuatro meses, cuando Mirna Yesenia Páez López sin razón aparente dejó de visitar a su esposo -del cual estaba separada desde hacía más de un año- y sólo se limitó a recibir el dinero para sus dos hijos.

Desde aquellos días Juan Francisco Montemayor Martín de 33 años de edad, se hundió en una depresión que sobrellevó en compañía de sus hermanos y sobrinos; además de que se mantuvo ocupado en su trabajo en el monte, donde instalaba mallas ciclónicas.

“Trabajaba de lunes a viernes en el monte, sólo venía los fines de semana, y dio la casualidad que ella (Mirna) vino el viernes y platicó con él, llegó en el carro, se me hace que le dijo que ya tenía novio”, explicó Teresa de Jesús Montemayor, una de las hermanas de Juan Francisco.

Para la familia la versión de las constantes peleas es fácil de aclarar, tenían más de cuatro meses que no se veían, y los niños de vez en cuando eran llevados los fines de semana para que los viera.

La pareja tuvo a dos pequeñitos que quedaron bajo la custodia de su madre cuando decidieron separarse por problemas de celos, ellos eran el único vínculo que tenían, aunque no se divorciaron.

“Nunca se divorciaron porque Juan tenía fe de que las cosas se arreglaran, pero ella ya presumía a su nuevo amor en el volante de su carro, es muy seguro que fue eso lo que le dijo, porque Juan no tenía un corazón para hacer una cosa así”, explicó la hermana del ahora occiso.

Linda Yesenia Montemayor Páez de 10 años de edad era la hija mayor de la pareja y junto con su hermanito Juan Francisco Júnior Montemayor Páez de 5 años, se encontraban en el domicilio contiguo donde viven sus tíos.

“Los niños estaban en la casa de a lado, donde vive mí hermano, ellos no encontraron los cuerpos, todos escuchamos los balazos”, explicó la mujer.

Los problemas que la pareja vivió fueron a raíz -según la familia- al noviazgo corto que Mirna y Juan tuvieron en su juventud.

La casa donde fue la última vez que la pareja discutió por su amor está ubicada en la calle de Progreso en la colonia Industrial; este lugar permanece custodiado por policías municipales.

En este sitio cuatro de los hermanos y sobrinos de Juan Francisco tienen su domicilio fijo, que es considerado por la familia como un refugio temporal para los familiares que necesitan ayuda.

“Juan se vino a vivir aquí después de su depresión, tenía como cuatro meses,(...)en más de una ocasión nos dijo que ya no quería vivir, pero nunca lo creímos”, explicó la hermana.

Este “eco suicida” no fue atendido por sus familiares que pensaron que formaba parte del cuadro depresivo que vivía el hombre de 33 años de edad y que desde la separación de su esposa, no hizo otra cosa que buscar la mejor manera de arreglar las cosas.

Los familiares explicaron que los cuerpos serán velados y enterrados por separado para evitar que las familias tengan algún tipo de confrontación; Juan Francisco será velado en el DIF municipal y enterrado dos horas antes que su esposa.

Milenio.- Juan Carlos Rodríguez