“¿Y cómo le hago para olvidar lo que me dijiste?”

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Seguramente te ha pasado algo similar. Ya me ha pasado varias veces y la verdad, no aprendo. En esa ocasión fue mi amiga quejándose de su galán. Básicamente la misma historia que había escuchado antes de familiares amigos y colegas, simplemente diferente tirano y otra protagonista. Generalmente te llaman a deshoras y entre sollozos, te cuentan una historia que preferirías no haber conocido nunca.

En esta particular historia, Claudia había cortado con el galán después de 4 años de relación. Había sucedido en otras ocasiones. Esta vez, no había vuelta atrás. La escuché por un buen rato sin decir nada sabiendo que dar un consejo en esos momentos es difícil. Optas por la vía conciliadora. “Piénsalo, siempre dijiste que era un encanto con tus hijos, los llevaba al fut y todo”. Error. Generalmente en estos casos cada consideración es rebatida con sorprendente cantidad de información no revelada jamás y que preferiríamos no saber. “Si, ya se que eso les dije, pero les mentí. No fue cierto que los llevaba al futbol, lo dije porque quería que ustedes tuvieran una buena imagen de él. La verdad es que no los toleraba y opina que el mayor es insoportable”. ¡Ups!. Eso no lo sabíamos. Te quedas callada. Ante tu silencio y para reafirmar la historia, empieza a contarte un rosario de horrores: le pidió dinero prestado y en vez de pagárselo se fue a Las Vegas, la maltrataba verbalmente y estaba segura de que la había engañado varias veces. Finalmente acabas diciendo lo que quiere oír: “Hiciste lo correcto, no lo vuelvas a ver jamás”.

Por supuesto que no fui la única que tuvo el privilegio de escucharla. Durante dos semanas, todos sus amigos y familiares escuchamos la misma historia. Coincidíamos en que había hecho muy bien en terminar la relación. Y, por supuesto, nos volvimos miembros en el club de “el tipo es un patán” organizado por Claudia.

A las dos o tres semanas Claudia nos sale con el cuento de que él, cual canción de Lupita D’Alessio, le juro cambiar y ha decidido darle una segunda oportunidad. A pesar de que nos da gusto por que eso significa que se acabaron las llamadas de madrugada, no podemos evitar decir: “¿Cómo? ¿No habías jurado que no lo querías ver en tu vida? ¿Y tus hijos? ¿Y los engaños? ¿Y las deudas que no te pagaba?”. La respuesta fue que todo eso carecía de importancia y era parte del pasado. No quería hablar del tema.

Puedo entender las ganas de Claudia y su galán de dar vuelta a la página y comenzar de nuevo la relación sin reclamos del pasado que interfieran en el presente. Bien por ellos y su borrón y cuenta nueva.¿Pero, después de semanas de escuchar que el sujeto en cuestión era un tirano y enterarnos de todas sus fechorías cómo borramos nosotros la información? ¿Cómo le hacemos para ahora que nos caiga bien otra vez?

A nadie le gusta saber que han maltratado a un amigo, pariente o colega por lo que aplicar el borrón y cuenta nueva es mucho más difícil para nosotros. Como dice un amigo, ellos tienen en su defensa al “abogado cobijas”, nosotros no. Con todo y que minimicemos los hechos tomando en cuenta las exageraciones que produce el despecho, es muy probable que el maltratador no vuelva a ser santo de nuestra devoción jamás o que, de perdida no lo queramos ver en una buena temporada. Mientras ellos viven felizmente su reconciliación, nosotros quedamos con un enojo que no sabemos manejar y una información que hubiéramos preferido no conocer.

Creo que de este tipo de historias se derivan dos importantes enseñanzas: hay que fijarse qué contamos y a quién en momentos de pleitos. Mejor omitir detalles, en especial si el pleito fue con alguien que tenemos una relación sentimental. Sabemos que las relaciones tienen puntos pero muchas veces los que pensamos que son puntos finales acaban siendo punto y seguido. Después de haber despotricado contra el individuo es difícil pedirle a tus amigos y familiares que olviden todo y actúen como si no hubiera pasado nada. Después de que hablamos de más, no debería extrañarnos que se alejen una temporada.

Hay quienes recomiendan hablar con tu suegra si tienes problemas con tu pareja. Su teoría se basa en el hecho de que es su hijo y lo va a querer independientemente de lo que le digas. Puede ser, dependiendo del caso y la relación, una buena idea, pero creo que a ninguna madre le gusta que le digan las atrocidades de su retoño, así que existe el peligro que la que salga regañada seas tú. Tal vez sea una mejor idea buscar ayuda profesional.

Por otra parte, tenemos que aprender a escuchar a quienes nos dicen cosas que no nos gustan oír. Tal vez nosotros estamos cegados por las palabras y promesas por lo que nuestros amigos y familiares tienen una visión más objetiva de lo que esta sucediendo. Después de todo, ellos escucharon nuestra versión antes de que nuestro corazón se derritiera y suspendiera el funcionamiento de nuestro cerebro.

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