Para que no se olvide la impunidad, regresan memorial de Néstor Alan
El joven de 18 años murió en un accidente provocado por un par de juniors que presuntamente conducían en exceso de ebriedad y velocidad
Guadalajara.- Muchas ciudades nuevas se han construido sobre las ruinas y vestigios del pasado. También llegan cambios de manera paulatina, imperceptible ante las miradas cotidianas, de modo que sólo ante fotografías o pinturas del ayer los nuevos se percatan que pueblan un nuevo lugar, para buen o para mal. Con el remozamiento de las banquetas de avenida Vallarta se amenazó con borrar un recuerdo que no debe ser olvidado: el memorial del joven Néstor Alan, un memorial a la impunidad, el cual fue devuelto ayer al mismo sitio donde lo victimaron.
El 26 de noviembre de 2006, Néstor Alan, un joven de 18 años a punto de graduarse de la preparatoria, regresaba a su casa por la madrugada. Hacia las dos de la mañana transitaba por Enrique Díaz de León de norte a sur cuando cruzó Vallarta con su luz en siga, según testigos presenciales, cuando de pronto fue embestido por dos vehículos que circulaban a exceso de velocidad. El joven murió al instante.
Cuando las obras llegaron a las banquetas de Vallarta y Enrique Díaz de León, un par de meses atrás, los trabajadores se encontraron con el memorial del joven. Vecinos familiarizados con la estructura y con la historia, dieron aviso a los padres de Néstor Alan: Mónica Licea Padilla y Néstor Rodríguez Gómez, que viven a sólo cinco cuadras del lugar.
A bordo de los vehículos, dos jóvenes en aparente en estado de ebriedad, uno de los posibles motivos que los alentó a conducir de esa manera. Se trataban de Christian Arias de la Torre, hijo de Fernando Arias Pérez, quien fue director de Comunicación Social del entonces Gobernador Francisco Ramírez Acuña; y el otro conductor, Francisco Javier Álvarez del Castillo Íñiguez, familiar del ex gobernador Enrique Álvarez del Castillo. El vehículo en el que circulaba Néstor, un Volkswagen sedán, quedó destrozado sobre la banqueta sur de Vallarta.
Los padres de Néstor acudieron al sitio de las obras y se entrevistaron con el director de Servicios Municipales, quien está a cargo del proyecto. En común acuerdo, se retiró el memorial y se guardó con la promesa de colocarlo después del remozamiento, de manera que se aseguraron de que las nuevas obras no sepultarían también el recuerdo.
Al lugar del choque, tan sólo cinco minutos después, llegó el padre de Christian Arias para dar comienzo a las irregularidades, tanto del Ministerio Público como de Ciencias Forenses: no se tomaron testimonios, no hubo detenciones (los juniors fueron enviados a hospitales privados), y no se practicaron exámenes de alcoholemia. Los padres de Néstor, en cambio, se enteraron de la muerte de su hijo hasta la tarde del día siguiente, según refirió Francisco Macías Medina, director ejecutivo del Centro de Justicia para la Paz y el Desarrollo AC (Cepad), quien asiste a los padres de Néstor después de que la Comisión Estatal de Derechos Humanos, a la fecha, se ha mantenido en silencio.
Alrededor de las 11:00 horas de ayer, los trabajadores de Servicios Generales llegaron en una camioneta con la cruz y comenzaron a instalarla con las instrucciones de la madre, de manera que el memorial insepulto, al contrario, también fue remozado con nuevas decoraciones que suplieron a las deterioradas: “Monumento a la impunidad. Fue víctima del abuso de la libertad, del alcohol y de la impunidad. Que mi nombre no quede en el olvido, hagamos conciencia”, reza el memorial que terminó de colocarse al mediodía de ayer.
El perito de vialidad es determinante, pues su dictamen prevalece sobre el de los testigos: manifiesta que conducían a 80 kilómetros por hora (km/h), y no a los 120 km/h que calcularon los espectadores. La razón: conducir a 30 km/h más del límite de velocidad, es un agravante del delito, y por Vallarta, el límite es de 50 km/h, dedujo el padre de Néstor.
En julio pasado, finalmente y tras la presión del Congreso del Estado, un juez dictó una sentencia por homicidio culposo (no intencional) en contra de los asesinos. Se dictaron cuatro años de cárcel pero la sentencia fue apelada y los homicidas siguen en libertad, impunes aún. Mónica vio en las noticias que la semana pasada condenaron a un sujeto a 20 años de cárcel por matar a un policía. Por poco rompe en llanto: “Todos somos iguales, la justicia debe ser por igual”, Mónica no sabe si afirmar o preguntar...










