Nuestros fieles muertos vivientes

Halloween es un día en que todos nosotros; los reprimidos, retomamos esa libertad que nos aterroriza. Y durante ese sábado de liberación, en algún punto exacto del local, los sonidos se encimaban a la perfección. Demolición de Los Saicos seguía el beat de Informer de Snow, así que la dura pelea entre esos bares contiguos tenía el efecto de un Mash-Up involuntario que acarrea ese humor y esa desesperación propia de no entender que pasa. Un sube y baja de volúmenes y estilos que marcaba el inicio para la noche de brujas de una época bastante violenta.

El whisky gratis no dejaba de circular en su versión diluida dentro de una lata de aluminio. La sangre falsa en los rostros, recorría la escena de ese patio de vecindad post-apocalíptica. Era un desfile con las más extrañas criaturas y los más bizarros personajes de la cultura pop actual, en una esquina podías oler la putrefacción de una enfermera zombie tomada de la mano de Flavor Flav, Jorge Campos comenzando una “cascarita” debajo del escenario y hasta una mesera del Sanborns con jarra en mano. Descafeinado, por favor. El ambiente se sentía denso aun y estando al aire libre, como si la fiesta fuera adentro de un panteón y el hedor de las criptas saliera a festejar.

Somos una generación marcada por el Halloween desde niños e invadida por una repentina reverencia mediática a la Santa Muerte y cultos extraños en estos tiempos. Festejar la muerte y el descontrol nos queda tan bien como un disfraz sexy a una mujer con los atributos necesarios.

En El Garage, 5 bandas tomaron el escenario para declararle la guerra sonora al vecino, que mantenía una selección musical tan variada como inverosímil. El volumen se mantenía alto, para dar pelea pero nunca llegó al tope, ese momento lo estaban guardando para la banda que cerraría el evento. Mockinpott regresaría después de más de año y medio de estar muertos. “No estaban muertos, sólo estaban en el bar El Mexicano”, rezaban por ahí. Volvían sólo por esta ocasión, para recordarnos que la verdad no vale nada. Llegaban con todo ese maquillaje a lo Immortal festejando que todo se ha ido al carajo. Burlándose de las preocupaciones de una sociedad sumida en un ciclo vicioso de violencia e intolerancia. Y de paso hacer felices a unos cuantos hombres lobo melancólicos.

Bodró, Criatura, Gordonegro, Campeón y Japón 4 fueron algunas de las canciones que sonaron fuerte, lo suficiente como para espantar al más bravo de los seres de ultratumba que llenaban el patio. Un rápido recorrido por esos dos discos que pasarán a ser unas verdaderas reliquias del Rock Mexicano.

Al terminar el show sobrevino el caos. El piso lleno de botellas rotas, rocanrol garage de los sesentas, suficientes almas perdidas para llenar una recámara de baile desenfrenado, humo, abrazos etílicos y muestras de afecto con desconocidos. Un día de liberación para las almas más cohibidas, una nueva tradición mexicana. La noche de brujas es el día en que todo lo malo se ve deliciosamente encantador.