Poetas en Morelia

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MILENIO DIARIO MONTERREY
OCTUBRE 27 09

Así, recién lavada, en la plaza principal de Morelia se respira una paz que no coincide con las cifras de ejecutados que arrojan las noticias de televisión y los diarios. Menos que hace poco más de un año, durante la celebración del Grito de Independencia, estallaron varias granadas y el pánico invadió a los miles de asistentes. Tampoco se advierten muchos indicios del Michoacanazo, mediante el cual la artillería pesada del gobierno calderonista se llevó por delante igual a funcionarios federales y estatales que a alcaldes.

Los nombres de algunos poblados son un verdadero trabalenguas y un reto a la gramática. Por los caminos de Michoacán y pueblos que van pasando, las flechas a la orilla de la carretera del Bicentenario apuntan hacia Tupátaro, Caracha, Paracho, Tzararácua, Cuanajo, Uruapan, Jujacato, Caltzontzin, Tacámbaro, Opopeo, Zirahuén, Zurumucapio y Ziracuaretiro.

La flora y fauna poéticas del mundo latino hacen acto de presencia en Morelia con su amplia gama de registros. Los poetas vienen de México, Argentina, Bélgica, Colombia, España, Francia, Italia, Haití, Venezuela, Puerto Rico, Ecuador, Nicaragua, Chile, Canadá, República Dominicana, Cuba, Luxemburgo y hasta de Nueva Caledonia.

En el encuentro, dedicado al poeta peruano Antonio Cisneros, hay más de 60 lanzadores de metáforas. Algunos han tenido que viajar casi cuarenta horas para llegar a la fiesta de la palabra que año con año reúne a lo más destacado de las lenguas romances; es el caso de Nicolas Kurtovitch, de Nueva Caledonia.

Justo cuando algunos poetas regresan a la Ciudad de México y de ahí a sus respectivos países y otros le siguen a Aguascalientes, llega la noticia de tres ejecutados en Tancítaro, todos con el tiro de gracia. Esta triada trágica se suma a cuatro más ejecutados en diferentes zonas del bello Michoacán.

Poetas del Mundo Latino es organizado por el Seminario de Cultura Mexicana, el INBA y el Gobierno de Michoacán. Cuenta con el brío de varios diablos guardianes: Víctor Sandoval y Marco Antonio Campos, por lo menos.

Las voces premiadas fueron Antonio Cisneros, peruano que le ha perdido el respeto a la solemnidad y es tan alto como su grandeza poética; Juan Bañuelos, fiel a una vocación poética en la que el reclamo social es voz colectiva; Hugo Gutiérrez Vega, de memoria prodigiosa, sólido verso y pasos cansados.

Los cadáveres de los ejecutados siguen apareciendo en los lugares más inciertos del país: colgados en los puentes, en zanjas, pozos, basureros. Lo cual no impidió que durante una semana la poesía, como bien ha dicho el poeta español Luis García Montero, se convirtiera en “capital de un idioma sin centros”.