Con el alma chilanga
Llenan las gradas de la Alhóndiga de Granaditas con su música y canciones
León, Gto.-Si algo tienen en común Jaime López y Óscar Chávez, es la provocación, esa que descuella en sus letras, las mismas que han cantado por siempre más sin embargo, poseen una vigencia perenne.
López, en su concierto de la Alhóndiga la noche del miércoles en el FIC, emergió como un animal trasnochado, de voz aguardentosa, potente, que no concibe atavismos. De inmediato soltó “A la orilla de la carretera”, con la que se plantó en el escenario vestido de mezclilla azul, tejana y lentes oscuros, un atuendo ecléctico, igual que sus canciones.
Pasaron acaso cinco minutos, los suficientes para que el tamaulipeco se sintiera como en casa.
Y el público esperaba las mismas letras. Le pedían “Sácalo”, “¡Ay qué dolor vivir!”. No llegaron éstas pero sí una en homenaje a “un tal Doroteo Arango”, diría el compositor que se hizo acompañar de los Norteados Band.
Afuera del escenario el frío arreciaba. López improvisando pasos de baile a lo “swing”, con la sonrisa de fotografía, la soltura en el cuerpo al tiempo que miraba de reojo, como midiendo a su auditorio.
“Esto se llama: Me siento bien pero me siento mal”, tarareó entre aplausos. Era una de las clásicas de López con la que se enfundó en un toma y daca con sus músicos, quienes entre solos de guitarra, batería y acordeón, dieron al recital la sabrosura de la sal que a veces le falta a la comida.
Renovador del lenguaje urbano, antes sí, que Café Tacvba y otros, López cantó “¿Qué onda ese?” y la insigne “Chilanga banda”, reificada por los tacubos. “A veces me dicen que si esta canción la compuse yo”, ironizó.
Vendido con el nombre de: “Dos tipos descuidados” (en clara paráfrasis a
la película que protagonizaran Pedro Infante y Jorge Negrete), el concierto del FIC que inició y dejó calientito Jaime López, conjugó la figura de Óscar Chávez y para dar la bienvenida a éste, ambos cantaron “Tu maldición”, obra del también compositor de “Bonzo”.
Así, Chávez, quien hizo mancuerna con Los Morales, continuó la velada entre chilenas, fandango y sones.
Sin dar espacio a la solemnidad, más bien con un decidido sarcasmo e ironía, el emblemático cantautor desgranó su voz con la recuperación de piezas del tiempo de la Reforma y otras características de la región del sureste.
“Canta negro con tu orgullo, ponle freno a tu dolor…”, decía Chávez al tiempo que Los Morales en requinto, arpa y jarana, envolvían la voz socarrona del protagonista de “Los Caifanes”.
Llegaron más sones, ese género en el que Chávez se desenvuelve con alegría, aunque eran poco conocidos: “El borracho” y “El buscapiés” sonaron fuerte y vibrantes ante una Alhóndiga repleta de seguidores.
Las letras de “Tinta sangre” y “Por ti”, la última del concierto, fueron coreadas y aplaudidas al unísono, hasta que la singular “Macondo” hizo, como reza, volar liberadas a mariposas en esa noche de Cervantino.










