Horacio SalazarEl País de las Maravillas
Una semana para la ciencia
Sentado en las frescuras de Xalapa, estoy al cierre de mi segunda jornada dentro de la 16 Semana Nacional de Ciencia y Tecnología, cuyo énfasis básico es llevar la ciencia a los niños de México.
Estoy en Xalapa porque uno de mis amigos, Heriberto Contreras, me invitó a participar impartiendo un taller sobre periodismo de ciencia. Así que llevo dos días hablando ante un auditorio que combina lo presencial con enlaces por televisión e internet.
Esta tarde recorrí las instalaciones del MIX, el Museo Interactivo de Xalapa, y me encontré con un espacio amplio provisto de objetos interesantes, desde el esqueleto de una orca hasta una réplica de la cabina de control del transbordador, pasando por una sala Imax y una peculiar exhibición de monstruos de paper maché fruto de la imaginación de un joven capitalino.
Me dijeron que por la mañana habían ido al museo grupos hasta un total de mil 300 niños, y por la tarde yo vi a unos 400, desde preescolar hasta secundaria, recorriendo los espacios de la mano de guías casi tan jóvenes como ellos.
Heriberto me contó que a través de diversas gestiones, ruegos, negociaciones, súplicas, amistades, conexiones y demás yerbas, logró llevar hasta el museo a la escuela rural en la que pasó un tiempo como profesor. Esos chicos, me dijo, nunca habían salido de los confines de su pequeña comunidad, así que llegar a un museo bien montado, en Xalapa, fue una experiencia única.
Le costó sangre, sudor y lágrimas poder mover a un grupo de escolares desde el rincón abandonado en que están hasta la capital veracruzana para que pudieran ya no digamos aprender algo de ciencia, sino ver de cerca la primera ciudad de su vida.
Yo me pregunto, asediado por las dudas sobre el futuro, si no podremos como país hacer más por todos los demás niños que no han logrado hacerse de un campeón como Heriberto que les ayude a abrir los ojos al mundo. ¿Estamos tan arruinados moralmente, que gastamos nuestra pólvora en infiernitos partidistas y mezquinos pero dejamos a nuestros niños crecer sin futuro?
Una semana para la ciencia es cosa buena, pero para superar nuestros añejísimos rezagos necesitamos una década de ciencia, no menos. Nos urge.










