Postales sonoras del paraíso

Hablar de Aspen como revista deja un sabor de inconcluso en la boca. Si acaso la publicación de giro artístico editada entre los años 1965 y 1971 está más cerca de ser una cápsula del tiempo. Más allá de páginas y tinta, Aspen recolectaba folletines, discos, pósters y hasta películas en formato Super 8 en una caja cuidadosamente diseñada. Lideraba tal ejército de material hacia las tierras del pop-art, psicodelia y el minimalismo, bajo el mando de grandes generales en las filas de edición y colaboración: Andy Warhol, Laszlo Moholy-Nagy, John Cage, J.G. Ballard y hasta el dúo de fantasía John Lennon y Yoko Ono.

El contenido de Aspen era preciosamente cuidado. En particular, casi todas las piezas musicales que incluyeron fueron grabadas exclusivamente para la revista. En total distribuyeron 13 discos en formato flexi-disc –discos de vinil delgado y de poco costo– con 40 piezas de experimentación sonora y avant-garde. Ahora, varias décadas después, están disponibles para escuchar en línea desde su sitio web donde están documentadas todas esas pulsiones artísticas.

Al igual que la presentación de la revista, las piezas musicales en Aspen son diversas y ambiciosas. Quizá la pieza más reconocida sea “Loop”, la primera grabación de The Velvet Underground, incluida en el número 3 de Aspen dedicado al pop-art(1966). En ésta John Cale se deja llevar con el feedback de su guitarra en una lluvia creativa de nudos musicales reverberantes: el riff ardiente al principio de una rola stoner, la pulsión de una explosión garagera y el eterno retorno delruidohacia los momentos finales. En la grabación "The Young Turtle Assymetries" de Fluxus (no. 8, 1970) cinco lectores hacen una adoración beat a las tortugas, cambiando aleatoriamente las formas de leer el mismo poema: sus voces se contrapuntean, se hacen fondo unas a las otras y llegan en distintas sensibilidades al verso final, “No one knows where the turtles go”. En el número 2, The White box (1966), encontramos tres nostálgicos preludios en piano por el místico compositor Alexander Scriabin –“quien trajo el sexo a la música”–; y también en el número 3, Peter Walker, acompañante del gurú psicodélico Timothy Leary, regala "White wind", una pieza instrumental inspirada en la música clásica hindú que exuda vaivenes de curación a través de cuerdas.

En cierto sentido, las grabaciones de Aspen son una postal de arte pre-multimedia: eclécticas y únicas como una cápsula del tiempo que se abrió a canales simultáneos cuando lo lineal hubiera parecido la única posibilidad de comunicación. Particularmente, como colección de grabaciones –a campo traviesa por 6 años demultimedia–, son un mundo en sí mismo suficientemente vasto como para traerlo a cualquiera de nuestros presentes.

Una versión de este texto fue publicada en la revista Local (en Chihuahua) este año.