Conaculta y Conarte

PUBLICADO EL MARTES 20 DE OCTUBRE
EN MILENIO DIARIO MONTERREY

No cabe duda que en el terreno de la cultura nacional también hay vacas gordas y flacas. No estaría mal que altos funcionarios ganaran altos salarios si el resto de la población gozara de los mismos privilegios en sus respectivas trincheras laborales.

No sé si estábamos mejor antes, cuando el trabajo independiente, al menos el que se hizo en el terreno cultural en el Nuevo León de finales de los años sesenta y en los ochenta, se hacía a base de conciencias y voluntades. Los presupuestos estatales escaseaban y la cultura municipal se reducía al área metropolitana.

No había becas que ganar y pocos premios literarios que disputarse. No había Conacultas ni Conartes y las mafias literarias se concentraban en la capital. En el interior había poco que disputarse.

En los noventa llegaron los recursos. Llegaron las becas para casi todos, los premios nacionales, regionales y estatales se dispararon, lo mismo que los programas de estímulos y las ediciones. Algunos ya no sabrían que hacer con su vida sin una beca. Una nueva corte de promotores culturales nació de la mano del dinero destinado a la cultura. A esa casta de nuevos ricos pertenecen los 30 funcionarios del Conaculta, el INAH y el INBA que se embolsan 40 millones de pesos al año. Y eso que estamos en tiempos de crisis.

De 86 mil a 190 mil pesos mensuales reciben nuestros agraciados servidores públicos del área cultural, mientras que miles de bibliotecas comunitarias permanecen en el más cruel abandono.

Para tener una idea más clara de cómo andan las cosas, la titular del Conaculta, Consuelo Sáizar, percibe cada mes la nada desdeñable suma de 190 mil 21 pesos, unos cuantos miles menos que el presidente Felipe Calderón. Pero no hay de qué preocuparse. Los recortes presupuestales de 23.87 por ciento para el subsector cultura, contemplados para el próximo año, parece que no moverá en lo absoluto el tapete de los sacrificados promotores federales.

Y pasando el balón a la cancha en que se operan y ejecutan las políticas culturales en Nuevo León, el Consejo para la Cultura y las Artes, habrase visto cómo en tiempos del poderoso caballero (don Romeo Flores) la nómina se ha incrementado, no así los programas de cultura comunitaria, por más que los informes se vistan de cifras y resultados que endulzan los oídos del jefe inmediato pero sin un impacto social apegado a la realidad. Hace dos años los diputados ponían el grito en el cielo por los 132 mil pesillos que se llevaba al mes el presidente del Conarte, ahora esos detalles parecen no tener importancia.

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