District 9

Peter Jackson avala con su nombre la reciente producción en cine sobre el tema alienígena. Neill Blomkamp, Director de District 9, narra el momento en que una inmensa nave espacial queda “varada” en nuestro planeta obligando a la “civilizada” raza humana a adoptar a sus tripulantes por casi 25 años.

Estas lindas criaturitas con forma de cucarachas gigantes o “langostinos”, como les llaman los humanos, se ven forzados a vivir separados de los terrícolas en irónico “apartheid” al ser la ciudad de Johannesburgo la anfitriona de los bípedos insectos.

Utilizando el género de Falso Documental, como lo hicieran en La bruja de Blair o la reciente cinta española Rec (entre otras tantas), la película te lleva por una serie de entrevistas y tomas para material periodístico que reseñan la llegada de los seres y la fallida iniciativa de integrarlos con la raza humana.

Más allá de la acción y el suspenso que pudiera generar esta cinta de Ciencia Ficción, District 9 se convierte en una tarea de evaluación sobre la raza humana y su reacción a lo que (o a quienes) consideran distinto llegando a la xenofobia y a la segregación social. Sobre el activo afán de someter al débil por las armas y de humillar o desacreditar a lo desconocido.

District 9 es un filme que puede generar más interrogantes que respuestas y no sobre el asunto mafufo “Mausanesco” de si hay vida en otro planeta, sino de la incapacidad del hombre de respetar (y tenderle la mano) al defallecido, al frágil, al decaído. De la insistente idea de que “el poder” es la vía para rescatar a los pueblos en miseria, cuando el pueblo es el poder mismo. De temerle, como bien dice la escritora chilena Isabel Allende, al “abuso de poder y al poder de abusar” o, peor aún, de temerle al “poder con impunidad”.

Y es del poder con impunidad de lo que este país, nuestro país, México, sufre. Es uno de sus tantos males pero, es uno de los más dañinos o el que más.

Ahora que un gobierno, sin tomar en cuenta que sea del PAN o de Calderón (maduremos), decide quitarle el poder a un tipo como Martín Esparza, otros con impunidad y que se hacen llamar líderes sociales promueven marchas aun en contra de la voluntad de la mayoría.

Hace unos días personajes como Andrés Manuel López, Porfirio Muñoz y Marcelo Ebrard señalaron con dedo inquisidor las acciones del Gobierno Federal sobre Luz y Fuerza del Centro. Señalaron, criticaron y azuzaron (y lo siguen haciendo) tomando la palabra del “pueblo” como bandera. Lo triste, lo preocupante, es que nada de esto fue resultado de su preocupación por el de junto, por el débil o por el decaído. No. Fue la respuesta a la necesidad que estos señores, como otros más, tienen: Poder. Capital político puro que como agua entre las manos tratan de sostener.

Es interesantísimo escuchar a Ebrard diciendo que el Gobierno Federal “no manejó correctamente el decreto” ni las acciones tomadas en Luz y Fuerza del Centro. Marcelo Ebrard. Hablando de “un buen manejo”. Ebrard, el del caso Tláhuac (cuando fue Secretario de Seguridad Pública) o, el caso del News Divine, para evocar algo más reciente.

Más interesante aún es escuchar a Andrés Manuel López. Defendiendo lo indefendible: una institución pública en bancarrota que, en manos de unos, seguían exprimiéndole jugo a lo que ya estaba seco con gastos por equinoterapias, nóminas con puestos absurdos y energía gratuita para sus trabajadores ¿Energía gratis? ¿Por qué? Defendiendo a quienes considera “el pueblo” y llamando a las calles para la “resistencia pacífica” que convocara Esparza.

Yo sólo le pregunto a Andrés: ¿Quién es “el pueblo”? ¿Acaso los que comulgan con tus ideas? ¿Los pobres? ¿Los ricos? ¿Los electricistas? ¿Los sindicatos? ¿Los empresarios? ¿Quiénes somos “el pueblo” Andrés Manuel? Porque, sin temor a equivocarme, puedo decir que en este caso específico de Luz y Fuerza del Centro, si salen a las calles los mexicanos o “el pueblo” que está de acuerdo con el decreto, ensombrecería cualquier marcha de Martín Esparza.

¿Eso quieres Andrés Manuel? ¿Que México se organice y haga una marcha no sólo a favor del decreto sino a favor de la limpia definitiva de los líderes charros y de los contratos abusivos de los sindicatos al servicio público? ¿Quieres saber lo que es una marcha “del pueblo” y ver qué opina sobre la disolución de Luz y Fuerza del Centro? Estoy seguro que no. Sin embargo, como siempre, no saldremos de nuestras casas y será la indiferencia, una vez más, nuestro reiterado verdugo. Y también, una vez más, quienes sigan a Martín Esparza por las calles serán “el pueblo” quien, dices, tiene la razón y la palabra. Pero, ¿quién es “el pueblo” Andrés Manuel? ¿Quién y quién no cabe en tu idea de “pueblo”?

Nota en el refri: no perderse el ensamble vocal de Lamat de Freddy Ortega.