Revelan en obra el lado íntimo y la personalidad de Albert Einstein

Presentan obra de teatro sobre uno de los mayores genios de la humanidad

Dos esposas y la asistente personal de Albert Einstein se reúnen para postular al científico, como quien debe llevar el título del hombre del siglo XX.

Entonces, la figura del genio se va develando por boca de las mujeres
que convivieron con él.

Montaje presentado en el 37 Festival Internacional Cervantino, “El otro Einstein”, que tuvo dos funciones en el Teatro María Greever, constituye una lúcida mirada a la vida y obra del descubridor de la Teoría de la Relatividad.

En escena, tres actrices que sin artificios ni clichés sostienen un montaje medido y bien cuidado, son las protagonistas de la historia en la que el científico nunca aparece pero es una presencia constante y motivo del conflicto.

Dora Cordero, Claudia Lobo y Verónica Merchant enfrentan un mano a mano actoral álgido, de grandes vuelos, para dar a conocer la figura contradictoria de uno de los mayores genios de todos los tiempos.

Albert Einsten, se nos dice, podía ser tremendamente contradictorio, un mal amante y padre ausente, pero generoso con la humanidad.

Cada una de las que fueron sus esposas tiene su versión. Todas difieren, se confunden y trastocan, motivo que lleva a discusiones a secretos revelados, a acusaciones al por mayor, como el abandono del hijo de Einstein por padecer esquizofrenia, el matrimonio con su prima Elsa e incluso el nacimiento de una hija ilegítima: Lieserl.

La conducta del científico se pone bajo el bisturí en el drama escrito por Andrés Roemer, quien en su incursión como dramaturgo echó mano de documentos bibliográficos con los cuales teje la obra que sin didactismos ni apologías sale bien librada en lo textual. Raúl Quintanilla, en su dirección, propone trazos mínimos en un espacio único; la sala de la reunión donde se espera a los editores de la revista Time.

Concepto de un teatro minimalista, donde el actor es el único responsable de crear la ficción teatral, desnudo de elementos efectistas.

La iluminación y escenografía de Philippe Amand ayudan al despojamiento
de dispositivos escénicos inútiles. Importa lo que se dice, la interpretación y energía actoral sin tapujos.

Claudia Lobo como la segunda esposa de Einstein, Elsa, entrega un personaje fuerte, complejo, cuya dramaturgia corporal contrapuntea con la propuesta de Verónica Merchant, quien hace de Mileva, la segunda esposa de Einstein.

Merchant, precisa en sus tonos y matices, con ligeros arranques de esquizofrenia y ansiedad, gana en fuerza y densidad, resuelve bien las transiciones, las circunstancias y brilla estupendamente.

El personaje de Dora Cordero, Helen, es a la vez catalizador y muro que contiene el torbellino de las esposas.

Bien acertado en la elección del elenco, con una dirección limpia, Raúl Quintanilla transforma el drama de Roemer en una voz potente que devela también las zonas oscuras de los seres humanos, sus manías, fracasos y miserias.

El montaje se ayuda del video y la interpretación en vivo al violín de Francisco Lledías.

Manolo García