Isabel MelchorDinero y MásPeriodista interesada en buscar información financiera y de negocios. Pueden seguirme en mi página de Twitter en: http://www.twitter.com/isabelmelchor
Gasolineras: entre litros incompletos e intentos de estafa
Soy asidua visitante de dos gasolineras en las que he constatado que verdaderamente dan litros de a litro. Esto, gracias al tip de un colega periodista de la fuente de energía que un día me recomendó fijarme en dónde cargan combustible los taxistas y conductores de microbuses y autobuses. Allí donde los del transporte público hacen fila, es donde dan litros completos.
El problema es que la ventaja de los litros completos se empaña por los intentos de estafa que de plano ya me colmaron el plato. Desde esta semana decidí ya de no regresar a una de las gasolineras donde dan litros de a litro, simplemente porque ya me hartaron los intentos de estafa.
La rutina de la que ya me cansé es simple. Llego, pido mi carga y mientras estoy a la espera de que termine de llenarse el tanque, “casualmente” llega un compañero del despachador que me atiende y dice que huele a aceite quemado. Me preguntan si vengo de la carretera porque mi coche está a punto de desbielarse.
La farsa llega a tal punto que uno de ellos trae aceite quemado entre los dedos y me lo enseña diciendo que eso viene tirando el motor de mi vehículo. Me piden que abra el cofre.
Me niego rotundamente y entonces empieza el chantaje:
--Por favor llévese un aceite o un aditivo --me dice uno de los jóvenes.
--Tenemos que vender 25 de estos frascos al día, si no, nos los descuentan --dice el otro.
--Además tenemos que pagarle 30 pesos al encargado de la estación y otros 30 pesos al supervisor, para que nos dejen trabajar. No sea malita, coopere. (Coopelas o cuello, pienso para mis adentros),
Les digo que no, no y no. Porque además ya sé la otra rutina de que supuestamente le ponen aceite o aditivo al motor, pero en realidad el despachador trae un frasco vacío en el bolsillo que muestra al automovilista, para cobrar.
Así que hasta aquí llegué. Por salud mental dejarñe la ventaja de los litros completos y acudiré a otras estaciones donde sé que quizá me falte algo de la carga pero nadie me molestará diciendo que mi auto nuevo –que apenas tiene 1,800 kilómetros recorridos, por cierto—viene tirando aceite o que se está desbielando.
Afortunadamente me queda la otra estación de servicio donde me dan litros completos y donde no tratan de engañarme. A ver cuánto me dura el gusto.










