Margarito CuéllarEl Salvaje de la ÓperaEgresado de la Facultad de Ciencias de la Comunicación, UANL. Maestro en artes por la misma casa de estudios. Desde 1977 se inició como colaborador de El Diario de Monterrey, así como en periódicos universitarios. Colaboró en los suplementos Ensayo, El Volantín y Aquí Vamos, que se publicaron en los años ochenta y noventa.
Es autor de 13 libros de poesía; los más recientes son Estas calles de abril / Saga del inmigrante (Aldus / UANL, 2008); Arresto domiciliario (Aullido, Punta Umbría, España, 2007) y Noticias poéticas (Conarte / municipio de Santa Catarina, 2007).
Es autor del libro de cuentos Los riesgos del placer (Castillo Ediciones, 2002).
Ha obtenido dos premios nacionales de poesía y uno de cuento, así como el Premio de Poesía de Radio Francia Internacional (2003). Premio a las Artes 1995 por la Universidad Autónoma de Nuevo León por trayectoria en las áreas de poesía y ensayo.
Editó las secciones Acentos y Escaparate de Milenio Diario Monterrey, donde publica la columna semanal La Serpiente Emplumada. Realiza trabajo de corrección y edición para la revista MILENIO Semanal y publica la columna Noticias de Poesía en el suplemento Laberinto. Con timidez se asoma a esta ventana bloguera con el maléfico fin de encontrar, en las dimensiones del cyberespacio al verdadero hipócrita lector, su semejante, su hermano.
Ferias y libros
PUBLICADO EN MILENIO DIARIO MONTERREY
OCTUBRE 13 09
No todas las ferias del libro son iguales. Los cazalibros, los turistas culturosos, los simples mirones y los lectores lo sabemos. Esa semana hay dos ferias internacionales, la de Monterrey y la del Zócalo de la Ciudad de México.
La Feria Internacional del Libro de Monterrey tiene a España como invitado. Luminarias como José Emilio Pacheco y Luis García Montero están programadas en las instalaciones de Cintermex. También los dos Carlos (Monsiváis y Fuentes), aunque ambos cancelaron a última hora. Sí estarán en cambio Julio Ortega, Eduardo Parra y el poeta Juan Gustavo Cobo Borda.
Siendo Monterrey una ciudad moderna, su feria se realiza en un espacio cerrado, con clima y, contrario a la feria de Guadalajara, no se cobra la entrada. Dos diferencias: la feria de Monterrey se satura de stands con objetos que no son libros y la comida es cara y mala.
Comparada con la de Monterrey, la del Zócalo capitalino –en cuanto a sus instalaciones– parece una feria de rancho. La feria del Zócalo del DF ofrece atractivos que no se ven ni en Monterrey ni en Guadalajara. Se respira un ambiente plural. No hay pasillos alfombrados ni aire acondicionado, pero hay libros baratos. Por diez pesos el usuario adquiere libros de sus temas favoritos. Si el lector no trae dinero y se quiere deshacer de algún libro que ya leyó, existe el trueque en algunos espacios.
Las comparaciones son horrendas, pero de las diferencias se aprende. Y las ferias tienen que actualizarse. No se trata sólo de vender, sino de crear un clima agradable. La feria de Guadalajara y la de Bogotá cobran la entrada. Y siempre hay casa llena.
La feria del Zócalo tiene un lugar para las ediciones marginales, sin costo para ellos y cuenta con un pequeño foro para presentaciones y debates. Las salas donde se presentan las vacas sagradas tienen cupo para unas 600 personas, y siempre están llenas. Uno puede charlar con tranquilidad con Ernesto Cardenal, Miguel Barnet y otros grandes sin que nadie se lo impida.
La afluencia a estas ferias es un indicador que el libro tiene pila para rato, y que no desaparece, al menos en las siguientes décadas, pese a que la lectura de libros digitales se incrementa. Lo cual no lo veo como un obstáculo, sino como un mecanismo útil y necesario.










