Isabel MelchorDinero y MásPeriodista interesada en buscar información financiera y de negocios. Pueden seguirme en mi página de Twitter en: http://www.twitter.com/isabelmelchor
Si tiene una queja, aguántese
Esa frase, genial por cierto, la leí en la parte trasera de un camión que transportaba materiales para construcción. Recordé otra frase maravillosa que leí hace unos años en uno de esos vehículos: “Soy materialista, pero no dialéctico”.
Pero regresemos a lo de las quejas porque hoy que la economía está en crisis y que las empresas de todos los giros y tamaños luchan por conservar sus ingresos, se encuentra uno con empleados que de plano no comprenden la magnitud de la caída de las actividades productivas y tratan al cliente a puntapiés.
Les comento sólo dos casos.
I
Mi papá es suscriptor de una revista mensual desde hace varios años. Teóricamente el ejemplar debe llegar los primeros días de cada mes pero de unos meses para acá el ejemplar llega un mes y otro no. Hablo para hacer el reporte respectivo pero me dicen que debo llamar después del día 11 de cada mes para poder levantar la queja. Espero. Hablo en la fecha indicada y me dicen que espere 15 días hábiles para recibir el ejemplar perdido. De nueva cuenta no llega así que vuelvo a llamar y me dicen que ahora solicitarán una investigación a la Oficina de Correos de mi zona porque seguramente ahí está el error.
Me contacta mi cartero, a quien conozco desde hace años y que siempre entrega puntualmente la correspondencia. Me dice que el reporte afectará su expediente laboral.
Los ejemplares faltantes los damos ya por perdidos. Mi papá, por primera vez, dice que ya no renovará la suscripción, porque no pagará más por un producto que no recibe completo.
II
Llevo al cine a mis hijas adolescentes. Quieren ver una típica película de terror de las que tanto les fascinan, Destino Final 4, por supuesto en definición 3D. Les compro sus boletos y al pasar por el punto de revisión de boletos les piden su credencial de elector, que obviamente no tienen porque son menores.
Regreso a la taquilla para que me cambien los tickets para otra película pero la vendedora me dice que eso es imposible. Tampoco me puede devolver el dinero, dice. Me pide que le deje los boletos, que los venderá a otros clientes y que regrese en 20 minutos.
Así lo hago y al regresar resulta que los boletos no se vendieron, que la película ya empezó y que ya perdí mi dinero.
Son sólo dos casos de empleados que no entienden que hoy más que nunca deben hacer su trabajo con excelencia y dejar más que satisfechos a los clientes, pues de ello depende su trabajo.
¿A ustedes los han tratado a puntapiés?
Comenten sus experiencias. Espero comentarios










