Arturo Reyes FragosoSombrero de Cuatro PedradasMi historial scout es un desastre: llegaron a correrme de la Asociación y reprobé el preliminar del curso de Insignia de Madera, humillación todavía mayor. Por si fuera poco, no fui rover investido ni Caballero Scout; además, un inoportuno berrinche con mi Akela le dio pretexto para negarme el Lobo Rampante. Todo esto me permite escribir sin remordimientos sobre temas escultas en periódicos, revistas y libros (Cuentos de una noche de campamento, Dos artistas en pantalón corto. Ibargüengoitia y Felguérez, scouts, entre otros). No debo hacerlo tan mal luego de veinte años de empecinada práctica, puesto que, todavía, existen despistados que leen mis engendros y hasta les gustan. Otros me retiraron el saludo.
Los scouts en el Zócalo, otra vez
Desde el viernes 9 de octubre estamos en la carpa destinada a las editoriales independientes, a unos metros del acceso al metro ubicado al sur de la plancha del Zócalo.
Casi enfrente de nuestro stand está el de la revista Mescalito, cuya encargada asistió los dos primeros días de la Feria calzada con zapatos de plástico color verde, como de Chapulín Colorado ecológico.
Estamos franqueados por un stand que ofrece libros infantiles sobre nutrición y otro de historietas alternativas, que además tiene a la venta el DVD de El ataque de las colegialas caníbales, donde el encargado sale de extra. (“¿Y a quién no le gustaría ser comido por colegialas caníbales?”, pregunta mi sobrino Juan Pablo, a quien embarqué para ayudarme en el changarro. Cierto, ¿a quién no?)
Otro de mis vecinos es Mario Cruz, quien ofrece una veintena de obras escritas por… Mario Cruz, con títulos tan contundentes como Obra del Maligno y Confesiones de un hombre-reptil políticamente incorrectas, todas ellas publicadas por la Fundación Cultural… Mario Cruz. Desde que arrancó la feria, su stand es un permanente desfile de darketos que acuden a comprar sus libros —algunos llevan hasta ocho reimpresiones, según la información impresa en sus propias páginas—, pedirle autógrafos, platicar y fotografiarse con él. Como se notará, todo esto lo escribo con una pinche envidia mal disimulada.
Todavía ni inauguraban la Feria cuando pasé a echarme un clavado en otro stand donde tienen varios botaderos de libros; ahí encontré, El caballo y el mono, escrita por Andreu Martin, un autor español de novela negra que me encanta. La publicó 20 años atrás la editorial poblana Marco Polo, ya desaparecida. Nuevecito, me costó 10 pesotes (aunque con las hojas medio amarillentas por el tiempo) y me la despaché enterita al día siguiente instalado en mi propio changarro. Tiene la más escalofriante descripción del síndrome de abstinencia padecido por un heroinómano que he leído hasta ahora.
Aquí se encuentra nuestro stand dedicado a libros scouts, el único existente dentro de la Feria Internacional del Libro del Zócalo. Puede identificarse desde lejos gracias al pendón con la colorida portada del libro de Sombrero de cuatro pedradas —el de la caricatura de Baden-Powell volteando a ver con desconcierto a una muchacha con una flor de lis tatuada en su hombro— que cuando sopla el viento por la tarde se hincha como vela de barco de Monty Pyhton. (La maravillosa alusión me la hizo uno de los que le ayudan al extra de El ataque de las colegialas caníbales a atender su changarro.)
No puedo hace otra cosa que expresar mi gratitud hacia los participantes de este blog que han acudido al stand a saludarme y demostrar con su presencia —como se lo expresé al buen Perceval— que en verdad existen y no son programas de computadora, como en algún momento llegué a sospechar. Vaya pues, que tenemos lectores. Yo soy el primer sorprendido. Curiosamente, varios dicen que los comentarios que aquí suben son muy interesantes, pero luego se ponen rudísimos. Yo ya los veo normales. Chale.
(Todos están invitados a la presentación del libro Sombrero de cuatro pedradas, otra más, que haremos el domingo 18 de octubre, último día de la Feria, a las 18:00, en el auditorio “Rosario Castellanos”, que es la carpa que está pegada a donde despachamos todas las editoriales independientes.)
Llamadas de silbato
“PARA QUÉ DISCUTIR LO QUE PODEMOS ARREGLAR A MADRAZOS”: Este eslogan del Muppet rebosante de sabi-duría fue compartido por un servidor con los participantes a una velada de clanes organizada el pasado sábado en Cuernavaca, donde hablé sobre la importancia dentro de los scouts —y cual-quier otro ámbito, valga la obviedad— de poder discutir con otras personas contrarias a nuestras creencias sin necesidad de arrimarles un botellazo, cosa que, a años de distancia, no deja de admirarme que hayamos logrado hacer dentro del propio clan donde estuve, aunque fuera a momentos. De nuevo gracias por la invitación y espero que disfruten mi librito que les rolaron, San Jorge en Aztlán. Los inicios del roverismo en México… SOBRE EL UNIFORME MASCULINO CON ARETES: Alex Silva es de los scouts que puedo presumir como amigo (aunque todavía me deba un artículo para el blog sobre la experiencia de las Cuijas, el muy ca…), baste leer la agudeza de los comentarios que nos comparte en el blog, rebosantes de cariño hacia el escultismo y lo que éste le inculca al espíritu. Pero ya ven que para algunos paladines de las buenas costumbres eso resulta intras-cendente ante la terrible indecencia de perforarse los lóbulos para colocarse aretes. Me sumo a la hipótesis ya por alguien aquí ex-presada, de que su presidente de provincia lo corrió por alguna enclosetada animadversión… ROTACIÓN, EL GRAN PROBLEMA: Ya decía que tenía la referencia por algún lado: en el Tlatoani correspondiente a los meses de abril-junio de 2007, Jorge Arturo León y Vélez Avelar, director ejecutivo nacional, publicó “El problema de la rotación” (si hasta edité ese artículo, poniéndole los puntos y comas que le faltaban al texto original), donde analiza el comportamiento de los registros a la Asociación, con una espeluznante conclusión: “… más de la mitad de nuestros miembros tienen tan sólo un año de ingreso, lo cual, conside-rando que la membresía en general se mantiene estable año tras año [supongo que esos son los números absolutos a los que por ahí se refirieron], significa que, aproximadamente, 15 mil personas entran al Movimiento, abandonándolo en el transcurso de un año, y sólo uno de cada cuatro integrantes de nuevo ingreso logramos que vuelvan a registrarse al año siguiente”. ¡Vértebra de tiburón! Si consideramos que esta tendencia se mantiene a la fecha —a menos que lo desmienta alguna actualizada estadística oficial—, resulta que desde aquel año, cuando la aplicación del ENPE se oficializó, han desertado más de 40 mil scouts que no completaron ni el año dentro de la Asociación, mismos que no conocieron otra alternativa ajena al Esquema Nacional de Programa Educativo, determinante parámetro a considerar cuando llegue la hora de evaluar sus resultados. Y sobre los 34,400 registrados al primero de octubre de 2009, la cifra es ligeramente inferior al cierre del año de… 1981. ¡Feliz Día de los Clanes!(12/oct/09)










