Fernanda de la TorreNeteando con Fernanda“Nací un verano en la Ciudad de México. Creo en lo extraordinario de lo ordinario. Me fijo en lo que pasa todos los días y disfruto contarlo. Tengo la fortuna de colaborar en Milenio desde 2004 y con el blog, desde 2006. Colaboro para otras publicaciones como Newsweek en Español, Contenido, Algarabía y Actual. Adoro las conversaciones sinceras, ese es el objetivo de este espacio".
Regalos con extraña envoltura
Bien dice el refrán que no hay peor ciego que el que no quiere ver. Cuando nos empeñamos en ver algo de tal o cuál manera está muy difícil que nos hagan cambiar de opinión. Tenemos tantas ideas preconcebidas acerca de cómo “deben ser” las cosas. Cuando lo que sucede no se ajusta a esos criterios preestablecidos o no nos gusta o nos cuesta trabajo aceptarlo.
Supongo que es algo similar a lo que nos sucede con los regalos. Tenemos la costumbre de envolverlos. Quizá con la intención de que sea una sorpresa, quizá por la emoción que provoca desenvolverlo o porque de alguna manera la envoltura los embellece, no lo sé. Nos ocupamos de envolver los regalos y nos parecería extraño dar (o recibir) un regalo sin envoltura o con una envoltura fuera de lo tradicional. A pesar de que sabemos que lo menos importa de un regalo es la envoltura, es algo que nos sigue preocupando.
La vida, algunas veces, hace lo mismo con nosotros. Nos da espléndidos regalos pero con envolturas un tanto exóticas, o camuflageadas por lo que no nos damos cuenta del gran regalo que tenemos.
El amor es siempre un gran regalo y más cuando es correspondido. Ya alguna vez hablamos en esta columna de lo difícil que es coincidir con alguien en términos románticos. Algunas veces se da la atracción pero no es correspondida o es correspondida pero no es el momento adecuado y otras la atracción se da a destiempo. Algunas veces la vida nos da el regalo del amor, pero con una envoltura que nos parece “diferente”. Existen tantas historias de amor que terminan, simple y sencillamente por nuestros prejuicios e ideas preconcebidas de “cómo deben ser” las cosas.
La edad o, más bien, la diferencia de edades entre los enamorados, los roles, el dinero, la condición social, la nacionalidad, color o distancia son simplemente envolturas del regalo, que nada tienen que ver con éste en sí. Depende de nosotros si las vemos como un obstáculo o como una mera circunstancia.
Lucía conoció a un hombre emprendedor, luchón, cariñoso. Era ciego y le llevaba casi 20 años. Para muchos sería una envoltura que les impediría ver el regalo. Lucía no se percató de la envoltura. Ella, a diferencia de sus amigos y familiares, vio directamente el regalo. Hoy tienen más de 40 años de feliz matrimonio y un hijo. Lucía no se ha arrepentido de su elección ni un solo día. Siguen tratándose con el mismo amor y ternura que cuando se conocieron.
Mi amiga René conoció a un galán en una fiesta de cumpleaños. Rápidamente iniciaron un tórrido romance vía SMS, con poesía y frases cariñosas. Antes de la segunda cita ya habían completado una novela en mensajitos (literal). ¿El problema? Bueno, sucede que para ambos, la envoltura del otro es diferente. Ni el uno ni el otro, son el tipo de persona que con la que habitualmente saldrían. En vez de verlo como una sana ruptura de patrones, ambos han elegido pensar que son de “mundos diferentes” (lo cual, bien a bien no acabo de entender por que todos somos diferentes, pero bueno). Sí. Definitivamente tienen muchas ideas diferentes de lo que es o debería ser la vida. Pero también es cierto que tienen muchas cosas en común. El reto, ahora para ellos, es dejar de fijarse en las envolturas y ver si son similares en lo esencial.
Hollywood nos da muchos ejemplos de parejas que han decidido pasar de la envoltura y quedarse con el regalo. No les importa que su pareja sea mayor o menor que ellos. Como los casos de Demi Moore y Ashton Kuchner o Antonio Banderas y Melanie Griffith para quienes la diferencia de edades no es un problema y sus matrimonios han durado mucho más años que los de otras parejas de la misma edad.
También hay parejas que han decidido que los modelos tradicionales no son para ellos y es él quien se queda en casa al cuidado de los hijos y ella sale a trabajar, lo que piensen los demás les tiene sin cuidado.
En alguna época, el color de la piel fue un impedimento legal para las parejas, hoy todavía les causa ruido a muchos. Sin embargo, en el caso de Heidi Klum y Seal, los comentarios raciales acerca de su relación, no han sido impedimento para que ellos formaran una familia.
De acuerdo con el autor del blog Relationship Lab, los mayores problemas en nuestra vida son en su gran mayoría (o en su totalidad) creados por nosotros mismos, ya que la mayoría de las veces el problema no es con la otra persona, sino con nuestras propias expectativas y con la manera en la que reacciona el mundo, que no necesariamente coincide con la manera en que esperamos que lo haga. Lo dicho, el problema no es con el regalo, sino con como pensamos que debería de ser la envoltura. ¿No es absurdo?
“Si la mayoría de nosotros nos avergonzamos de nuestra ropa o muebles gastados o de mala calidad, deberíamos de avergonzarnos de nuestras raídas ideas y filosofía de mala calidad. Sería una situación muy triste si la envoltura fuese mejor que lo que se encuentra dentro”. – Albert Einstein
Para René y JM
¿Has recibido regalos con extrañas envolturas? Me gustaría oír tu opinión.
Por favor escribe a: fernanda@milenio.com
o deja un comentario en mi blog













