Manuel Martínez TorresNiños expertos en Ping-PongNací el primer día de julio del 83. Cáncer. Siempre he estado enamorado de la buena música pop aún y cuando en la adolescencia tuviera que esconderlo para poderme hacer de amigos. Ahora me dedico a tocar discos la mayor parte del día, mientras escribo de ellos. Follow @ http://twitter.com/manuelismo
La sonrisa de Helen Reddy
No digo que sea un detractor de las nuevas estrellas del pop mundial. No, al contrario me dan ganas de darles un abrazo y la palmadita en la espalda diciéndoles “Todo estará bien, el dinero sobra”. Las jóvenes reinas desde antes de alcanzar la mayoría de edad ya están más preocupadas por las controversias y locuras en que se puedan ver involucradas, dejan de lado la producción de su álbum más reciente, pierden piso. No generalizo, hay cantantes pop que le sacan la vuelta a todo esto y terminan con discos geniales. Pero tienden a ser una minoría para minorías. Antes era la música y la actitud cándida la que vendía los discos. A nuestros padres les encantaba poder ver a una mujer adulta y comprometida con sus ideales, que cantara sobre el amor y que su actitud y semblante reflejaran que en realidad así lo había vivido. Ahora siguiendo la imagen que se ha creado la juventud actual, nos queda ver que la chica que nos habla acerca de los fracasos amorosos sea una ninfómana con crisis nerviosas y arranques de histeria. Los mercados y los intereses cambian, de eso no queda duda.
En estos días en que se da un redescubrimiento del pop barroco y el AM pop por parte de artistas como: Florence and The Machine, Bat For Lashes, Lykke Li y Joanna Newsom. Me dan ganas de voltear un poco hacia atrás, a mí niñez, a los discos de la época en que las cantantes tenían el poder en la voz y el encanto en la sonrisa. Y acordarme de todas esas tardes en que Helen Reddy le cantaba a papá desde la tornamesa, mientras yo admiraba fijamente esa sonrisa.
I Believe In Music
En 1971 Helen Reddy ya era toda una dama cuando lanzó su primer álbum, con el pelo corto y unos ojos que ocultaban una madurez y pasión femenina detrás de la inocente coquetería. A sus 30 años de edad comenzaba su camino como cantante popular. Habituada desde los 4 años a la vida dentro del espectáculo, debido a la vodevilesca vida en la cual estaban inmersos sus padres, la cantante Stella Lamond y el comediante Max Reddy. Una vida desafiando y poniendo a prueba la aceptación de la audiencia más diversa.
La australiana, una actriz y cantante de nacimiento comenzó bajo la tutela de sus padres en un pequeño show de variedades en Australia. Un talento que no se podía desaprovechar, que al contrario, habría que pulir. Por lo que al ganar el legendario concurso australiano Bandstand fue a probar suerte en Nueva York. La cuna del teatro y los musicales, una ciudad que podría recibirla en sus brazos o simplemente darle la espalda. Absorbió lo que era necesario y se fue primero a Chicago y después a Los Angeles donde daría inicio a un complicado despegue de su carrera como cantante.
La meta estaba fija; cantar. Pero el camino fue largo desde el principio, ya que Reddy tuvo que soportar el rechazo de varias compañías disqueras antes de que Capitol Records la adoptara dentro de su catálogo de artistas. 1971 fue el año en que lanzaría sus dos primeros discos “I Don´t Know How To Love Him” y “Helen Reddy” en donde se encuentran las bases de lo que fue su enorme carrera como MOR chanteuse.
Reddy fiel enamorada de la filosofía feminista, tomó partido y formó parte de la lucha. Una faceta a la que comenzó a dar forma en el momento en que llegó a Estados Unidos y fue hospedada por la escritora, periodista y defensora de los derechos de las mujeres, la australiana Lillian Roxon, quién se dedicó a recibir a compatriotas que comenzaban a vivir el sueño americano y que llegaban a Nueva York. Ciudad en donde como periodista musical convivía con círculos importantes de la escena que se creó alrededor del Max´s Kansas City. Así que junto a Roxon, Helen Reddy decidió dar forma a la canción que serviría como himno del movimiento feminista: I Am Woman. Una canción que a pesar de ser lanzada en su álbum debut adquirió popularidad hasta que fue re-grabada para el disco “I Am Woman” un año después.
How?
Más tarde en ese mismo año Reddy lanzaría su disco homónimo, el cual se convertiría en el álbum más dispar de toda su discografía debido a que fue el único que no obtuvo el reconocimiento esperado por los charts de popularidad. Un disco lleno de grandes temas, en donde interpretaría canciones de gente como Carole King, Donovan y John Lennon, y daría pie a esa mezcla de rock, pop y folk que caracterizaría el resto de sus interpretaciones y composiciones.
Devota de Los Beatles y el buen pop, siempre se rodeo de grandes nombres en sus composiciones como los ya mencionados, incluyendo en la lista a Don McLean y el raro caso de Jeff Lynne de ELO quien le cedería el tema Poor Little Fool para que lo interpretara en el disco “We´ll Sing In The Sunshine” de 1978, siendo fiel con el estilo de composición y grabación que manejaba el líder de ELO.
1978, es el año en que termina la etapa más brillante de su carrera. En la que logró penetrar varias veces en las listas de popularidad sobre todo con los temas Delta Dawn en el 73 (que también interpretaría Bette Midler) y Angie Baby en el 74. 9 discos en los que explotaría todo el potencial que la música de la década de los setentas le podía ofrecer. Después vendría la actuación y las películas: “Aeropuerto 75” y “Sgt. Pepper´s Lonely Hearts Club Band”. Tendría más discos dentro de la década de los ochentas y una nueva carrera fuera de las filas de Capitol. Las dificultades por tratar de conseguir un contrato con alguna disquera y la nueva pasión por la actuación hicieron que poco a poco la carrera de Helen Reddy como cantante pasara a segundo plano e incluso llegara a desvanecerse.
Ahora Helen se encuentra en su natal Australia como una experta hipnoterapista y formando parte importante de esta comunidad clínica en su país. Desde el 2002 se encuentra retirada del ambiente musical y ocasionalmente realiza apariciones en programas de televisión o películas.
Y aunque ya debe tener 68 años sigo recordándola con ese pelo corto, la sonrisa maternal y los ojos radiantes, justo como en las tapas de sus discos.










