¿El talento por encima de la ley?

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Hemos oído hasta el cansancio la frase de que nadie debe estar por encima de la ley; ésta se debe aplicar por igual a todos. Sin embargo, en vista de recientes acontecimientos, parecería que el talento se rige por otros principios.

El hecho, sin nombres ni apellidos, es el siguiente: Un adulto que pasaba de los 40, le dio champaña y metacualona, (sedante muy vendido en los Estados Unidos en los años 70) a una niña de 13 años a la que posteriormente sodomizó y violó. La madre de la niña lo denunció. El sujeto pasó unos días en un psiquiátrico y se declaró culpable. Sus abogados llegaron a un acuerdo extrajudicial, pero temiendo que el juez diera una sentencia ejemplar en vez de reducir la pena, decidió huir de la justicia para exiliarse en otro país. Treinta años después es aprehendido para ser extraditado. Si hubiese sido cualquier mortal, diríamos que se ha hecho justicia, pero cuando el sujeto en cuestión es el talentoso director Román Polanski, las cosas no son así.

El ministro de Cultura francés, Frédéric Mitterrand, inmediatamente emitió un comunicado lamentando “de la forma más viva que se someta a una nueva prueba a quien ya ha sufrido tantas” (parece que a los franceses les cuesta trabajo creer que sus ciudadanos son capaces de cometer un crimen; y no confían en los procesos judiciales de otros países, como vimos en el caso de Florence Cassez), dejando además, constancia del interés de Sarkozy por su situación. Los cancilleres de Francia y Polonia solicitaron a Hillary Clinton la liberación de Roman Polanski, para acabar con esta historia “un poco siniestra”.

Intelectuales y artistas de la talla de Martin Scorsese, David Lynch, Pedro Almodóvar, Woody Allen, Jean-Jacques Annaud, Monica Bellucci, Alfonso Cuarón, Alejandro González Iñarritu, Ettore Scola, Giuseppe Tornatore, Wim Wenders, entre muchos otros, firmaron peticiones manifestando su consternación por el arresto del director de 76 años, especialmente porque la detención se produjo mientras se dirigía al Festival de Cine de Zurich, donde recibiría un homenaje.

Una segunda petición pública, pidiendo la liberación de Polanski y denunciando el acoso político judicial de que es objeto el cineasta, fue promovida por el escritor Milan Kundera, y secundada por el filósofo Bernard-Henri Lévy y la actriz Isabelle Adjani.

Centenares de comentarios circularon en páginas de Internet alrededor del mundo diciendo que deberían liberar al hombre, ya que había pasado mucho tiempo y que ya había sufrido demasiado (para refrescar la memoria, Sharon Tate, su segunda esposa, embarazada de seis meses, fue asesinada por la banda de Charles Manson, y su madre falleció en un campo de concentración).

A pesar de que Polanski siempre ha sostenido que la niña tenía experiencia sexual y que había consentido la relación, y que la víctima, Samantha Geimer, ha declarado en repetidas ocasiones que le ha perdonado, en los Estados Unidos el que un adulto sostenga relaciones sexuales con una menor de 15 años es un delito grave (statutory rape). Así que ni el tiempo, el sufrimiento del victimario, el consentimiento o el perdón de la víctima tienen relevancia alguna en este delito.

La ley, a fin de proteger a los menores, no incluye en la definición del delito el que haya fuerza o consentimiento. Una niña de 13 años no tiene la capacidad para otorgar su consentimiento para tener relaciones con un adulto ni para perdonarlo. Que hayan pasado 31 años es irrelevante, ya que este delito no prescribe.

El talento artístico no es garantía de calidad moral. Puede haber extraordinarios seres sin ningún talento artístico y grandes artistas que resulten abominables personas. El extraordinario talento artístico de Roman Polanski no está a juicio ni en duda. Lo que está a juicio es el abuso de una niña por parte de un adulto, quien además se declaró culpable del hecho y optó por huir de la justicia.

Condenamos la pornografía infantil, el abuso sexual y la pederastia. ¿Por qué ahora debe ser diferente? La sola mención de las preciosas botellas de coñac nos hace temblar de indignación. Ríos de tinta han corrido alrededor del mundo condenando los abominables hechos de adultos que sostienen relaciones con menores, como el caso de Marcial Maciel, o el presidente de Paraguay (y ex obispo católico), Fernando Lugo.

Hace unos años, la escritora Lucía Etxevarría escribió acerca del tema en relación a la novela de García Márquez Memoria de mis putas tristes (http://masterkas.nireblog.com/post/2006/04/01/articulo-de-lucia-etxebarr...).

Yo me pregunto: si el culpable hubiese sido un político, un cura o un simple mortal, ¿habrían hecho lo mismo los afamados cineastas, políticos e intelectuales de todo el mundo que salieron en defensa de Polanski mostrando su solidaridad?

Por más que trato, no me imagino a Mitterrand, Kundera, Allen, Almodóvar, González Iñárritu o Cuarón saliendo a defender a Lugo o Maciel. Es un caso patético y vergonzoso de doble moral. ¡Qué pena! Parece que para ellos el talento sí debe estar por encima de la ley.

¿Debe imponerse la impunidad del talento? Envíame tu opinión a:

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