Diego Enrique OsornoHistorias de NadieDiego Enrique Osorno es reportero del Grupo Editorial Milenio desde el año 2000. Nació en Monterrey, Nuevo León, México en 1980. Estudió periodismo en la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL) y ha hecho cursos de post-grado en Información y Guerra en la Universidad Complutense de Madrid y en otras escuelas.
Crónicas y reportajes suyos han aparecido en Gatopardo, Nexos, Replicante, Chilango, Indymedia, Letras Libres, Rebelión y Narco News. Ha publicado dos libros de poesía, uno de crónicas colectivas titulado "Venezuela dijo no", editado por el Instituto del Libro Cubano, así como otro titulado Oaxaca Sitiada, publicado por la editorial Random House Mondadori.
En noviembre de 2009 apareció su más reciente libro: "El Cártel de Sinaloa. Una historia del uso político del narco", bajo el sello de Gijalbo.
Como reportero ha viajado y escrito de situaciones de conflicto en Bolivia, Honduras, Venezuela, Ecuador, Colombia, Perú, Haití, el País Vasco, Siria, Líbano y China, además de dar seguimiento a movimientos sociales de Oaxaca, Atenco, el EZLN, el EPR, ERPI y el conflicto minero en México. Escribe la columna "Esquirla" en la revista Milenio Semanal y otra en Milenio Diario de Monterrey, cada miércoles. Es fotógrafo amateur y fue profesor en la Escuela de Periodismo Carlos Septién García.Aunque casi nunca está ahí, su casa queda en la sierra de Santiago, Nuevo León.
Contacto: diego.osorno@gmail.com
Podrán cortar todas las flores pero no podrán acabar con la primavera
CRÓNICA- Milenio Diario
Una por una se acomodaron hasta sumar 19. De haber sido veinte, pensaban, estarían violando el Estado de Sitio que aquí en Honduras es legal desde el domingo pasado. Tan legal que castiga con cárcel las concentraciones públicas y las críticas al gobierno de facto.
Todas ellas cargaban cartelones con reclamos a Roberto Micheletti, sombreros guajiros para protegerse del sol y flores silvestres. Era una protesta simbólica en una de las cinco barricadas que el Ejército hondureño montó alrededor de la embajada de Brasil, donde se encuentra refugiado el presidente derrocado, Manuel Zelaya. Algunas de las 19 manifestantes eran campesinas y otras estudiantes.
También había activistas del feminismo y una poeta que protestaba con un verso de Pablo Neruda en su cartulina: “Podrán cortar todas las flores pero no podrán acabar con la primavera”. No había consignas ni aspavientos,sólo una fila muda de mujeres inconformes que escribían con plumones fosforescentes sus exigencias de justicia.
Diez minutos después irrumpieron treinta policías que parecían andar buscando una guerra. Traían armas de fuego, lanzagranadas de gas lacrimógeno, chalecos antibalas, máscaras, escudos y palos para combatir la modesta manifestación.
—Largo de aquí —solicitó el mando.
—Somos menos de 20, no puede quitarnos —respondió una de las manifestantes, la que llevaba una cartulina que decía “Si hay opresión, habrá revolución”.
—Ya, ya, ande señora, quítense de aquí.
Una docena de los policías se puso detrás de las mujeres y las empezó a empujar mientras caminaban detrás de ellas, hasta llevarlas al borde de la avenida, recriminándolas por violar “el decreto presidencial”, eufemismo con el que se nombra la restricción de las garantías civiles en el país.
“Por lo menos no nos detuvieron”, dijo resignada una de las manifestantes, recordando que un día antes fueron llevados a las cárceles locales 58 opositores al régimen.
El cerco militar y policial del gobierno de facto no da tregua ante La Resistencia. Si Zelaya aprieta en la arena internacional, donde radica su fortaleza, Micheletti lo hace en el terreno local, en el que la fuerza está de su lado. La estrategia del gobierno de facto es desmoralizar a los simpatizantes de Zelaya, primero cortándoles la comunicación de Radio Globo y Televisión 38, luego impidiendo hasta las más mínimas acciones de protesta, como la de las 19 mujeres en los alrededores de la embajada de Brasil.
“Pero vamos a seguir en La Resistencia. En estos tres meses ha habido altas y bajas, pero lo que nunca ha habido es la rendición”, asegura Rafael Alegría, uno de los dirigentes de La Resistencia.
En la Casa Presidencial, mientras tanto, Micheletti se preparaba para a un grupo de congresistas estadounidenses del Partido Republicano que apoyan su permanencia en el poder. Una guerra fría en el ámbito internacional y otra caliente se viven a la par. Honduras es el frente de ambas.
PARA SEGUIR CONOCIENDO SOBRE EL TEMA:
Días de gorilas
www.milenio.com/node/295173














