“Desconozco que esté enfermo”: Concepción Ángeles

La madre de Rafael Acosta Juanito dijo que todos los domingos la visita, “pero apenas vino y jamás me dijo que anduviera mal del corazón o de otra cosa”, asegura.

Quizá los 22 hijos de Concepción Ángeles —madre de Juanito— heredaron la imagen histórica, recia y sana, sobre todo, la del militar villista, Felipe Ángeles pues, según ella, ninguno de los 12 que le sobreviven “es enfermizo”. El mismo Juanito no le reportó en los últimos días que estuviera enfermo. Para nada, dice ella a sus 90 años de edad y con el recuerdo de su tío, hermano de su padre Moisés Ángeles.

Para su madre, Acosta tiene todos los adjetivos: trabajador, educado y sobre todo un hombre sano. ¿Sano? Se le cuestiona. “Sí, nunca se enferma, todos mis hijos son sanos”.

Sin embargo, desconoce que su hijo esté mal de salud ahora, pues ella ya se hubiera enterado.

Todos los domingos, ambos viven en la misma calle de la colonia Santa Martha Acatitla, Juanito la visita, salvo en los últimos dos meses, “pues ha tenido mucho trabajo. Pero apenas vino y jamás me dijo que estuviera enfermo del corazón o de otra cosa”.

Dice que cuando su hijo la visita le lleva un regalo “unos chocolates o galletas, es muy cariñoso”.

Recuerda que “últimamente no ha estado por aquí; de repente viene cada domingo y se va rápido. Come y es muy platicador; viene a saludarme me trae un regalo y se va”.

Es una mujer de mirada y oídos disminuidos. Pero se explica y le ha retirado toda su confianza a la policía de la ciudad para depositar la seguridad de sus hijos, familia, vecinos y la salud de todos en Dios; en una colonia “que se ha vuelto altamente peligrosa”.

Santa Martha Acatitla: corredor de tráfico de armas, venta de droga y de autopartes robadas. Es el traspatio de Nezahualcóyotl, aquí llegan los coches que son robados allá. “Hay mucha venta de droga”, dice.

Frente a su casa de un piso, donde la familia vive desde hace 40 años hay una virgen en la banqueta. Es la que preserva la seguridad de todos los vecinos.

La madre de Juanito mira hacia la puerta principal de la casa y dice que ahora, a diferencia de hace años en que sus hijos podían salir a jugar al parque, hoy los vecinos ya no salen. Por la inseguridad.

“Me iba con mis hijos a un parque allá adelante, jugaban todos, Juanito era muy guerroso como todos los niños; iba y venía, subía y bajaba. Junto con sus hermanos ayudaba a su papá a vender ropa allá por Pantitlán. Además de que hacía mandados y así se ganaba su dinerito”, recuerda.

Francisco Mejía