Derrota anunciada
Sábado, 7 Junio, 2008
La absurda oposición del gobierno federal a la consulta sobre el petróleo, junto con su vergonzante postura en la iniciativa misma, llevarán a Calderón a sufrir una derrota.
Prácticamente el único camino para resolver una contradicción en las sociedades por la vía democrática es la del referendo, plebiscito o consulta. No hay de otra.
Ello no implica sustituir el sistema de democracia representativa ni mucho menos cambiar a mitad del partido las reglas del juego. Para nada.
Los representantes que integran el Congreso de la Unión, Cámara de Senadores y de Diputados fueron electos sin que su elección fuese cuestionada por nadie (curiosamente en la misma elección presidencial, con el mismo padrón electoral, en las mismas casillas y con los mismos ciudadanos que contaron los votos, una y otra vez). No se tra-
ta con la realización de un referendo de poner en entredicho su legitimidad ni sustituir su función legislativa por excelencia.
De lo que se trata, simple y sencillamente, es de practicar una vía democrática directa que deje en claro cuál es la posición mayoritaria actual de la sociedad ante la reforma petrolera de Calderón.
Marcelo Ebrard, El Peje, el PRD y sus aliados han entendido con gran oportunidad y claridad el valor de un mecanismo de democracia directa y con ello han colocado al gobierno de Calderón entre la espada y la pared.
Mientras más rechacen el referendo o la consulta, los conservadores azules y sus aliados fortalecerán las posturas conservadoras negroamarillas.
Estamos presenciando la historieta de una derrota anunciada.
La sistemática confrontación entre los conservadores tradicionales, que representan el PAN y su gobierno, con los conservadores estatistas-nacionalistas cada día más cohesionados en torno al PRD y al liderazgo del Peje; están conduciendo al país a una restauración inesperada. Esa insólita ruta podría desembocar en la reinstalación del PRI en la presidencia en las elecciones de 2012.
La ausencia de una opción reformadora en el horizonte político en este inicio del siglo XXI ha hecho posible un extraordinario retroceso.
Lamentablemente la acumulación de luchas sociales y políticas de la segunda mitad del siglo XX no consiguió desembocar en transformaciones políticas, sociales y culturales acordes con la naturaleza de los actores que las gestaron y ocurrió una triste sustitución de esas fuerzas sociales reformadoras y libertarias por una partidocracia y unas elites petrificadas por décadas.
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