Fósil podría ser semilla de un museo científico
Hasta antes de septiembre de 2012 podrán visitarlo curiosos de todo el mundo que pagarán 20 pesos por admirar la magnífica reconstrucción de este gigante del Jurásico.
Monterrey, NL.- El esqueleto del apatosaurio llamado Einstein reposó al menos 140 millones de años bajo tierra antes de su descubrimiento en 2004. Ahora pasará tres años alojado en la Nave Lewis del Parque Fundidora. Hasta septiembre de 2012 podrán visitarlo curiosos de todo el mundo que pagarán 20 pesos por admirar la magnífica reconstrucción de este gigante del Jurásico.
¿Y después? Mauricio Fernández Garza, el promotor detrás de la exhibición que es parte del Festival Internacional de Santa Lucía 2009, admite con un gesto de sigilo que hay plan con maña: “es parte de todo un proyecto”, dice.
Aunque de momento la idea es atraer a miles y miles de familias para que admiren la historia de este animal, la idea es aprovechar su carácter único para convertirlo en el eje de un proyecto de clase mundial: un museo de historia natural o paleontología.
“Creo que con lo que existe en México podemos desarrollar un proyecto del nivel que nuestro país se merece”, dice Fernández Garza, señalando al inmenso esqueleto. “Hay muchas cosas a las que nunca les hemos dado relevancia o importancia”, agrega.
¿Y cuando termine la exhibición? ¿Adónde se irá Einstein? “Mamá tenía la ilusión de podérselo dar a la UdeM, si ése fuera el caso”, dice Mauricio Fernández. “Y yo tengo la ilusión de que se quede acá en Monterrey, pero pues vamos a ver qué proyecto salen tanto del Gobierno estatal y del federal. En última instancia, será decisión de mi madre lo que ocurra”.
Hay muchas ideas más, pero apenas se empiezan a dialogar con el gobernador electo Rodrigo Medina, de cuyo interés por el asunto dependerá la suerte que corran estos sueños.
También el descubridor de Einstein, el paleontólogo neoyorquino Henry Galiano, tiene una aspiración de largo aliento.
“Sueño con que México abrace la idea de un museo de historia natural, y con que los tesoros de todo México se exhiban ahí, para que los vea el mundo”, dice.
Sonríe al recordar que para muchos estadunidenses, México no forma parte de América del Norte. Pero en el Jurásico, cuando Einstein hacía temblar la tierra bajo su peso, la región norte del país estaba integrada a lo que hoy son Estados Unidos y Canadá.
“Por eso es apropiado que México pueda exhibir piezas como Einstein a pesar de que se halló en Wyoming”, dice Galiano. “Es apropiado que tengan un museo así, que sería fabuloso para los niños de México”.
El paleontólogo dice, y Fernández Garza asiente con la cabeza, que a veces para los adultos un ejemplar como Einstein puede no sorprender, no admirar, pero que para los niños la experiencia de un dinosaurio, enorme, majestuoso, puede ser una experiencia que cambie su vida.
Pero además está el hecho de que el gran esqueleto no es sólo un objeto para admirarse: tiene particularidades de gran interés para los científicos.
“Está casi 85 por ciento completo, asociado con parte del cráneo, y aunque suene raro, es la primera vez que los paleontólogos han visto esta asociación. Ahora sí estamos seguros de cómo se ve el esqueleto junto con el cráneo”.
En la semioscuridad del recinto, en una esquina hay una pieza más. Es la cabeza auténtica del apatosaurio. Fernández Garza explica que la reconstrucción tiene una réplica, porque la verdadera aún debe ser estudiada por la ciencia.
Reconocido
Henry Galiano, quien extrajo los huesos de Einstein de una cantera de Wyoming, dijo que el apatosaurio tiene muchas características que le confieren gran valor científico.
No lo dice sólo él: Joel A. Bartsch, presidente del Museo de Historia Natural de Houston, certificó por escrito que Einstein es “el más fino y completo espécimen plenamente articulado conocido de un Apatosaurus”.
Y hasta el congreso de Pennsylvania, estado donde se ensambló laboriosamente el fósil, reconoció especialmente a la empresa que se encargó de reconstruir el esqueleto.










