Fiestas patrias en la cuna del mundo

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Hoy, quinto día de Meskerem, primer mes de 2002, son las siete de la mañana y estoy en una comida en Addis, para celebrar nuestras fiestas patrias. En occidente es el 15 de septiembre de 2009, a la una de la tarde. Los etíopes siguen el calendario juliano y festejaron el año nuevo 2002 hace unos cuantos días. Ellos dividen el año en 13 meses. 12 meses largos y el décimotercero de unos pocos días. El tiempo también se rige por el calendario juliano, ellos dividen el día en 12 horas siendo la primera las seis de la mañana. Su lenguaje es el amárico, de origen semítico. Musulmanes, judíos y católicos ortodoxos conviven armoniosamente, y sus cantos para llamar a oración se escuchan frecuentemente.

Mis conocimientos de geografía me indican que estoy en África, pero los etíopes consideran que su país, por su gran cultura, no es parte de África.

Etiopía tiene una cultura milenaria. La legendaria Abisinia, tierra de la Reina de Saba, es además el lugar donde se encontró en 1974 a Lucy (Australopithecus afarensis), nuestro antepasado más antiguo, de tres millones de años de edad (de ahí lo de cuna de la civilización), y no hay que olvidar que también es la cuna del café. Hoy, después de haber derrocado a una dinastía de tres mil años y a un gobierno comunista, lucha por resolver sus problemas y por instaurar una incipiente democracia.

Como en otros países, el embajador invitó a los nacionales a celebrar nuestra independencia.

La comunidad mexicana en Etiopía no es muy grande, y algunos mexicanos no pudieron asistir por razones de trabajo, pero todos llegaron puntuales. Llegar puntual en Etiopía requiere de tiempo extra. Aquí, cual canción de U2, las calles no tienen nombre, únicamente las avenidas principales; todo lo demás se maneja por referencias.

Las casas tampoco cuentan con número o algo que las identifique. Es necesario dar indicaciones de las referencias cercanas para ubicar las calles, y detalles como el color de la puerta y decoraciones para ubicar las casas, y bueno, pues perderse un poco y preguntar.

La fiesta fue pequeña pero muy agradable. Además del embajador, Héctor Valezzi, estaban Oliver Contla y Lucila Prieto, funcionarios de la embajada; Diana Flores, esposa del embajador de Benin en Etiopía; Feiruz, originaria de Yemen y esposa de Carlos, piloto de Ethiopian Airlines, quienes están llegando a vivir a Addis después de años de radicar en Puerto Morelos, con sus tres hijos, por varios años; Mayela, que está en Addis haciendo un estudio de proyectos de inversión para una revista norteamericana.

Estaban además Sarayi y Luz María, misioneras católicas laicas que tienen una guardería para ayudar a madres solteras en una comunidad a unos setenta kilómetros de Addis.

Su proyecto ha resultado muy exitoso: cada día cuidan y alimentan a más de 250 niños.

La comida fue deliciosa. Enchiladas, guacamole, barbacoa, sopecitos, queso fundido, salsas molcajeteadas que preparó el chef Claudio Loredo, quien vino desde México a dar unos cursos de comida mexicana en Addis y generosamente preparó la comida de nuestra fiesta nacional.

Los etíopes no se sorprenden cuando les digo que soy de México. Existe una cercana relación entre México y Etiopía que viene de los tiempos del emperador Haile Selassie, el Negus (rey de reyes), León de Judá y descendiente directo del Rey Salomón. Los etíopes se enorgullecen de ser el único país de África que no fue colonizado. Únicamente fue ocupado en 1936 por Italia, ocupación que duró cinco años. Por aquella época, Isidro Fabela era el embajador de México ante la Liga de las Naciones y fue quien impidió que Etiopía fuera expulsada de la Liga y condenó fuertemente la invasión.

En agradecimiento, Haile Selassie mandó bautizar la segunda glorieta en importancia en Addis Ababa con el nombre de México y regaló dos leones de bronce en la visita de Estado a México que realizó en 1954. En reciprocidad, México bautizó una glorieta como Etiopía, cuyo nombre conserva hasta el día de hoy, aunque ahora es una estación del Metro.

Próximamente, la glorieta de México en Etiopía será engalanada con la réplica de una cabeza olmeca, donada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia, que les hable de nuestra cultura y nuestra tierra.

Días más tarde, se celebraría nuestra fiesta nacional frente a funcionarios, el cuerpo diplomático, y otros amigos de México. Addis Ababa es la capital diplomática de África por ser sede de la Unión Africana, así que es una fiesta animada y muy concurrida.

El momento cumbre llega cuando nuestro embajador, Héctor Valezzi, da el tradicional grito de Independencia. Todos aplauden; es muy emotivo.

Tomar un tequila y brindar por México y sentirme tan cerca estando lejos de él me hace pensar que las distancias sólo están en nuestra imaginación y que podemos encontrarnos en casa dondequiera que estemos.

fernanda@milenio.com

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