Tullidos y barbones

APUNTES AL MARGEN

Los aeropuertos de madrugada son especialmente misteriosos. Mantienen el ritmo incesante de ires y venires que suele tener durante el día, sin embargo, durante la madrugada, es otra la veocidad de este viaje pedestre alrededor de aduanas de revisión, salas de espera y cafeterías que no venden café

Parte inevitable de esa inercia, me acomodo en la sala 52 de la Terminal aeroportuaria y comienzo a leer al periodista polaco Wojciech Jagielski, un descubrimiento con luz bajo la sombra de cóndores de metal varados, listos para volar.

Jagielski dice esto sobre los gobernantes tullidos:

"Los gobernantes a veces son un espantoso reflejo de su país y de sus habitantes, y quizá en ningún lugar del mundo sea esto tan cierto como en Afganistán. Los talibanes eran unos tullidos. Tanto sus almas como sus caras morenas estaban surcadas por unas profundas cicatrices, y habían perdido en la guerra piernas, brazos y ojos. El propio emir estaba lisiado, al igual que prácticamente uno de cada dos ministros, generales o cortesanos. El ministro de justicia, el mullah Nuruddin Turabi, era tuerto y cojo; el ministro de Promoción de la Virtud y Prevención del Vicio, Wali Muhammad, era tuerto; el ministro de Exteriores, el mullah Muhammad Ghaus, era cojo y estaba casi ciego, y el viceprimer ministro y gobernador de Kandahar, el mullah Hasan Rahmani, así como el alcalde de Kabul, Abdul Majad, eran cojos.

Y lo siguiente, en torno a la rebeldía de la barba:

"Es curioso que, en cuanto estalla una revolución, los hombres dejan de afeitarse. No es solo cuestión de comodidad o que lo impongan las condiciones. En los ejércitos regulares, los soldados se afeitan incluso en el frente; los guerrilleros nunca, o raramente. La barba es un símbolo de la revolución. Suele ocurrir que los defensores del viejo orden van perfectamente afeitados mientras que os rebeldes se dejan barba. Larga o corta, la barba en el rostro del guerrillero constituye una especie de mensaje, el cual viene a decir que en ese momento solo importa la lucha, la causa, y que concentra todas sus energías en un objetivo de rango superior. Todo lo demás ha de quedar a un lado".